ESPECIAL NAVIDAD
Fecha Martes, 21 de Diciembre del 2004 (11:53:13)
Tema Noticias Escuela de la Fe


Les invitamos a ver este especial de Navidad, que hemos preparado para ustedes.

¡FELIZ NAVIDAD!

Tradiciones

Invitación
Especial de Navidad en Iglesia.cl

Juan Pablo II
Saludo
Retiros de Navidad (I y II)
Corona de Adviento: La templanza
Corona de Adviento: La Pobreza
Oraciones Cardenal Francisco Javier Errázuriz O.
Benedicto XVI .


NAVIDAD



La palabra Navidad procede del latín "nativita" que significa Nacimiento. La razón de la fiesta se centra en el nacimiento del Niño Jesús, Hijo de Dios, nacido de la Virgen María y de San José, como su padre terrenal.



La Navidad tiene un doble sentido:

  • Recordar el inicio de la redención con el nacimiento del Salvador.
  • Acoger al Señor que quiere nacer en el corazón de los hombres.

La Navidad nos trae un mensaje de esperanza, de unión, de paz y de amor.

TRADICIONES

EL PESEBRE

Se dice que fue San Francisco quien, en 1223, impulsó la representación del Pesebre. Usando figuras, animales o incluso seres humanos, todo valía para rememorar al Pesebre de Belén. Esta iniciativa tuvo muy buena acogida en España y, de ahí, se propagó a los reinos españoles.



EL ARBOL DE NAVIDAD

Historia

Tiene sus orígenes en la antigua creencia germana de que un árbol gigantesco sostenía el mundo y que en sus ramas estaban sostenidas las estrellas, la luna y el sol. (Lo que explica la costumbre de poner a los árboles luces). Era también símbolo de la vida, por no perder en invierno su verde follaje cuando casi toda la naturaleza parece muerta. En algunas casas en los países nórdicos durante el invierto se cortaban algunas ramas y se le decoraba con pan, fruta y adornos brillantes para alegrar la vida de los habitantes de la casa mientras transcurría el invierno.

Significado del Árbol de Navidad

Para los hombres los árboles tienen un significado muy especial. En todas las culturas encontramos que el árbol tiene cierto significado antropológico, místico y poético. Se le tiene cierta reverencia por los beneficios que aporta al hombre. Para algunas culturas el árbol tiene un significado místico ya que representa el medio la unión del cielo y la tierra: ahonda sus raíces en la tierra y se levanta hasta el cielo; por eso en muchas religiones, sobre todo en las orientales, el árbol es un signo de encuentro con lo sagrado, del encuentro del hombre con la divinidad y de la divinidad con el hombre. Es muy común el que los árboles estén relacionados con la fecundidad, el crecimiento, la sabiduría y la longevidad. En Mesoamérica el ahuehuete (ciprés mexicano) es considerado sagrado. Las tribus nórdicas europeas y americanas como los druidas, tenían árboles sagrados alrededor de los cuales se reunían para ritualmente entrar en comunión con Dios.

Dios se ha valido de la forma en que los hombres ven a los árboles para dar a conocer su plan de salvación particularmente cuando se trata del misterio de la encarnación del hijo de Dios para salvar al hombre. En primer lugar se asocia al árbol de Navidad con el árbol de la vida, que lucía en medio en medio del Jardín del Edén y después de la caída desaparece; la fruta y las decoraciones nos recuerdan las gracias y dones que el hombre tenía cuando vivía en el Paraíso en completa amistad Dios. Por el nacimiento de Cristo, los hombres renacen y tienen acceso a la plenitud de la vida. El árbol de Navidad representa el haber recobrado dichos dones gracias al sacrificio de Jesucristo.

Los adornos del árbol y las luces que se encienden representan el nuevo estado paradisíaco que el amor de Cristo nos prepara. En la Biblia, el árbol aparece como un símbolo de la Vida, árbol que Dios coloca en medio del Paraíso como fuente de la inmortalidad (Gen 2, 9, 3, 22). Pero el árbol puede también simbolizar la falsa sabiduría, la soberbia y la muerte cuando el hombre se aparta de Dios (Gen 2, 16-ss) seducido por la apariencia engañosa de este árbol y comiendo su fruto (Gen 3, 2-6).

Pero Cristo vino no únicamente a los hombres, vino como cabeza de una nueva creación, renovando todo lo que estaba caído. La presencia de Cristo responde al anhelo de la creación para ser liberada de la esclavitud y de la destrucción; mientras tanto se queja y sufre, tal como una mujer en sus dolores de parto tal como nos lo describe San Pablo en la epístola a los Romanos. Por eso el árbol de Navidad representa esa naturaleza restaurada y engalanada para recibir a su redentor; el árbol perennemente verde quiere saludar en nombre de la naturaleza renovada a su Señor "Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino. Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo" (salmo 5).

El árbol de Navidad también representa ese árbol que nace y que con el tiempo madurará en un gran árbol del cual saldrá la cruz que tal como nos recuerda la liturgia del Viernes Santo: "Cruz amable y redentora, árbol noble y espléndido, ningún árbol fue tan rico ni en frutos ni en flor". Podemos decir que de alguna manera el árbol de Navidad nos recuerda la redención. Las luces representan la luz de Cristo en nuestra vida y la estrella que en algunas ocasiones se coloca en la punta representa a la estrella de Belén que anuncia la redención a la humanidad.


LOS VILLANCICOS

Los villancicos son una forma alegre de celebrar la llegada del Niño Dios y una costumbre que se remonta al siglo XIII o quizá antes.

Villancico quiere decir canción de villa y en sus orígenes sirvió para registrar la vida cotidiana de los pueblos. Fue muy popular en España en los siglos XV y XVI, y en Latinoamérica se conoció desde el siglo XVII.

Algunas de las melodías europeas de los villancicos, formaron parte de los misterios y representaciones teatrales medievales del ciclo de Navidad.

Cuando se prohibieron en los templos, quedaron como cantos sueltos que se ejecutaban con motivo de esta celebración. Los villancicos pronto se trasladaron del pueblo a la corte y en los siglos XV y XVI se convirtieron en las composiciones poético-musicales profanas más interpretadas.

En sus inicios, el villancico fue una forma poética española y significaba canción campesina, porque al parecer fue un canto rústico de los aldeanos en sus fiestas. El género culto o cortesano fue conformado por creaciones de grandes maestros sobre las bases de obras anónimas conocidas muy bien en el pueblo y era un equivalente de la "chanson" francesa o a la "villanela" italiana. Esto no impidió que más tarde el villancico no sólo se consolide como género, sino que se convierta en el arquetipo de la canción navideña.

Desde el siglo XIX el nombre ha quedado exclusivamente para los cantos populares que hablan del misterio de la Navidad y se cantan con acompañamiento de instrumentos musicales populares. El villancico tiene modificaciones porque se va refiriendo a los elementos que intervienen en la fiesta como son: el Niño, la Virgen María, San José, los Magos de Oriente, los pastores, la mula, el buey, la estrella, el portal, el pesebre o la cuna. Estamos en plena época navideña, que es propicia para entonar en las casas, plazas o templos estos cánticos que nos hacen sentir el espíritu de la Navidad y que le dan ese algo especial que sentimos dentro de nosotros, porque no podemos concebir esta fecha si no está acompañada de estos cantos populares.

El Tamborilero

Los Peces en el río

Noche de Paz

Vamos Pastorcillos

Blanca Navidad

Ya vienen los Reyes




El tamborilero

El camino que lleva a Belén
baja hasta el valle que la nieve cubrió.
Los pastorcillos quieren ver a su Rey,
le traen regalos en su humilde zurrón
al Redentor, al Redentor.

Yo quisiera poner a tus pies
algún presente que te agrade Señor,
mas Tú ya sabes que soy pobre también,
y no poseo más que un viejo tambor.
(rom pom pom pom, rom pom pom pom)
¡En tu honor frente al portal tocaré
con mi tambor!

El camino que lleva a Belén
voy marcando con mi viejo tambor,
nada hay mejor que yo pueda ofrecer,
su ronco acento es un canto de amor
al Redentor, al Redentor.

Cuando Dios me vio tocando ante Él me sonrió.


NOCHE DE PAZ

Noche de paz, noche de amor,
todo duerme en derredor.
Entre los astros que expanden su luz,
brilla anunciando al niñito Jesús.
Brilla la estrella de paz,
brilla la estrella de paz.
Noche de amor, noche de paz,
Jesús nace en un portal.
Llene la tierra la paz del señor
llenen las almas la gracia de Dios,
porque nació el redentor,
porque nació el redentor.
Noche de paz, noche de amor,
todo canta en derredor.
Clara se escucha la voz celestial
llamando al hombre al noble portal,
Dios nos ofrece su amor,
Dios nos ofrece su amor.
Dios nos ofrece su amor,
Dios nos ofrece su amor.
Noche de paz.


BLANCA NAVIDAD

El portal de Belén luce como el sol
y en la nieve fría ha nacido el redentor
luz al mar, una luz nace nuestro Dios
llegan los pastores y le dan su corazón.
Yo también le doy cariño de verdad
ha nacido el niño que al mundo salvará.
Eso si es amor en la Navidad
ya van floreciendo los caminos de la paz.
El portal de Belén luce como el sol
y en la nieve fría ha nacido el redentor.
El rosal floreció todo es un altar
suenan en el cielo cascabeles de cristal.
Yo también cantaré lleno de emoción
tocan las campanas y repiten mi oración.
Ya los Reyes van a los bosques a buscar
un camino blanco que conduce a la verdad.
Eso si es amor en la Navidad
ya van floreciendo los caminos de la paz.
El portal de Belén luce como el sol
y en la nieve fría ha nacido el redentor
luz al mar, una luz nace nuestro Dios
llegan los pastores y le dan su corazón.



LOS PECES EN EL RIO

La Virgen se está peinando entre cortina y cortina
los cabellos son de oro, los peines de plata fina.
Pero mira como beben los peces en el río,
pero mira como beben por ver al dios nacido.
Beben y beben y vuelven a beber
los peces en el río por ver al dios nacer.
La Virgen va caminando, va caminando solita
y no lleva más compañía que el niño de su manita.
Pero mira como beben los peces en el río,
pero mira como beben por ver al dios nacido.
Beben y beben y vuelven a beber
los peces en el río por ver al dios nacer.
La Virgen lava pañales y los tiende del romero
los pajarillos le cantan y el agua baja riendo.
Pero mira como beben los peces en el río,
pero mira como beben por ver al dios nacido.
Beben y beben y vuelven a beber
los peces en el río por ver al dios nacer.
Pero mira como beben los peces en el río,
pero mira como beben por ver al dios nacido.
Beben y beben y vuelven a beber
los peces en el río por ver al dios nacer.
Pero mira como beben los peces en el río,
pero mira como beben por ver al dios nacido.
Beben y beben y vuelven a beber
los peces en el río por ver al dios nacer.


VAMOS PASTORCILLOS

Vamos pastorcillos, vamos a Belén
que en Belén acaba Jesús de nacer,
que en Belén acaba Jesús de nacer.
Vamos pastorcillos, vamos a Belén
que Dios ha nacido para nuestro bien,
que Dios ha nacido para nuestro bien.
Esta feliz nueva debemos honrar
y llenos de gozo a Dios alabar,
y llenos de gozo a Dios alabar.
Pobre, humilde nace nuestro redentor,
temblando de frío por el pecador,
temblando de frío por el pecador.
Suenen las campanas, abran el corazón
vamos a ser buenos que Cristo nació,
vamos a ser buenos que Cristo nació.



YA VIENEN LOS REYES

Ya vienen los Reyes
con el aguinaldo,
les parece mucho
y le van quitando
pampanitos verdes,
hojas de limón,
la Virgen María,
madre del Señor.

Ya vienen los Reyes,
por aquel camino,
ya le traen al Niño
sopitas con vino,
pampanitos verdes,
hojas de limón,
la Virgen María,
Madre del Señor.

Ya vienen los Reyes,
ya le traen al Niño
muy ricos pañales,
pampanitos verdes,
hojas de limón,
la Virgen María,
Madre del Señor.


CUENTOS DE NAVIDAD

El Nacimiento del Niño Jesús

El niño que lo quiere todo

Un regalo de Navidad

Cuento de Navidad


El Nacimiento del Niño Jesús

Era un 24 de diciembre Maria y José iban camino a Belén, José iba a pie y Maria sentada en un burro. Maria estaba embarazada y esa noche tendrá a su hijo, el que se llamara Jesús. Tiempo atrás el arcángel Gabriel visitó a Maria y le dijo que en su vientre llevaba al hijo de Dios, al que debía llamar Jesús.
Maria y José buscaron donde dormir esa noche, pero nadie podía alojarlos, estaba todo ocupado.

Un señor de buena voluntad les presto un establo para que pasaran la noche, mientras José juntaba paja para hacerle una cama a Maria, "En el cielo nació una estrella que iluminaba más que las demás."

En el oriente, lejos de Belén estaban tres sabios astrólogos, se llamaban: Baltasar, Melchor y Gaspar. Ellos sabían que el nacimiento de esta estrella significaba que un nuevo rey iba a nacer.

Los tres sabios a los que conocemos como "Los Tres Reyes Magos" fueron guiados por la estrella hasta el pesebre del nuevo rey, Jesús. "El nuevo rey ha nacido" dijeron los Reyes Magos y le regalaron a Jesús oro, mirra e incienso.


Un regalo de Navidad

Autor: Amarilis Irigoyen

En una pequeña ciudad había una sola tienda que vendía árboles de Navidad. Allí se podían encontrar árboles de todos los tamaños, formas y colores.
El dueño de la tienda había organizado un concurso para premiar al arbolito más bonito y mejor decorado del año y lo mejor de todo, es que sería el mismo San Nicolás quien iba a entregar el premio, el día de Navidad.

Todos los niños de la ciudad querían ser premiados por Santa y acudieron a la tienda a comprar su arbolito para decorarlo y poder concursar.

Los arbolitos se emocionaban mucho al ver a los niños y decididos a ser el elegido, les gritaban:¡A mí... a mí... mírame a mí ¡

Cada vez que entraba un niño a la tienda era igual, los arbolitos comenzaban a esforzarse por llamar la atención y lograr ser escogidos.
¡A mí que soy grande!... ¡no, no a mí que soy gordito!... o ¡a mí que soy de chocolate!... o ¡a mí que puedo hablar!. Se oía en toda la tienda.
Pasando los días, la tienda se fue quedando sin arbolitos y sólo se escuchaba la voz de un arbolito que decía:
A mí, a mí... que soy el más chiquito.

A la tienda llegó, casi en vísperas de Navidad, una pareja muy elegante que quería comprar un arbolito.
El dueño de la tienda les informó que el único árbol que le quedaba era uno muy pequeñito.
Sin importarles el tamaño, la pareja decidió llevárselo.
El arbolito pequeño se alegró mucho, pues al fin, alguien lo iba a poder decorar para Navidad y podría participar en el concurso.
Al llegar a la casa grande, donde vivía la pareja, el arbolito se sorprendió:
¿Cómo siendo tan pequeño, podré lucir ante tanta belleza y majestuosidad?.
Una vez que la pareja entra a la casa, comenzaron a llamar a la hija:
¡Regina!... ven... ¡hija!... te tenemos una sorpresa.

El arbolito escuchó unas rápidas pisadas provenientes del piso de arriba. Su corazoncito empezó a latir con fuerza. Estaba dichoso de poder hacer feliz a una linda niñita.
Al bajar la niña, el pequeño arbolito, se impresionó de la reacción de esta.
¡Esto es mi arbolito!... Yo quería un árbol grande, frondoso, enorme hasta el cielo para decorarlo con miles de luces y esferas. ¿Cómo voy a ganar el concurso con este arbolito enano? Dijo la niña rompiendo en llanto.
Regina, era el único arbolito que quedaba en la tienda. Explicó su padre.
¡No lo quiero!...es horrendo... ¡no lo quiero! Gritaba furiosa la niña.
Los padres, desilusionados, tomaron al pequeño arbolito y lo llevaron de regreso a la tienda.

El arbolito estaba triste porque la niña no lo había querido pero tenía la esperanza de que alguien vendría por él y podrían decorarlo a tiempo para la Navidad.
Unas horas más tarde, se escuchó que abrían la puerta de la tienda.
¡A mí... a mí... que soy el más chiquito. Gritaba el arbolito lleno de felicidad.
Era una pareja robusta, de grandes cachetes colorados y manos enormes.
El señor de la tienda les informó que el único árbol que le quedaba era aquel pequeñito de la ventana.
La pareja tomó al arbolito y sin darle importancia a lo del tamaño, se marcho con este.
Llegando a la casa, el arbolito vio como salían a su encuentro dos niños gordos que gritaban:
¿Lo encontraste papi?... ¿Es cómo te lo pedimos mami?
Al bajar los padres del coche, los niños se le fueron encima al pequeño arbolito.
¿Y que pasó después? Acaben la historia. Consulten a la familia...


El niño que lo quiere todo

Autor: Sheila García González

Había una vez un niño que se llamaba Jorge, su madre María y el padre Juan. En el día de los Reyes Magos se pidió más de veinte cosas. Su madre le dijo: Pero tú comprendes que… mira te voy a decir que los Reyes Magos tienen camellos, no camiones, segundo, no te caben en tu habitación, y, tercero, mira otros niños… tú piensa en los otros niños, y no te enfades porque tienes que pedir menos.

El niño se enfadó y se fue a su habitación. Y dice su padre a María: Ay, se quiere pedir casi una tienda entera, y su habitación está llena de juguetes.
María dijo que sí con la cabeza. El niño dijo con la voz baja: Es verdad lo que ha dicho mamá, debo de hacerles caso, soy muy malo.

Llegó la hora de ir al colegio y dijo la profesora: Vamos a ver, Jorge, dinos cuántas cosas te has pedido.
Y dijo bajito: Veinticinco. La profesora se calló. Cuando terminó todos se fueron y la señorita le dijo a Jorge que no tenía que pedir tanto. Cuando sus padres se tuvieron que ir, Jorge cambió inmediatamente la carta, aunque se pidió quince cosas. Cuando llegaron sus padres les dijo que había quitado diez cosas de la lista. Los padres pensaron: Bueno, no está mal.
Y dijeron: ¿Y eso lo vas a compartir con tus amigos?
Jorge dijo: No, porque son míos y no los quiero compartir.

Se dieron cuenta de que no tenía ni Belén ni árbol de Navidad. Y fueron a una tienda, pero se habían agotado. Fueron a todas partes, pero nada. El niño mientras iba en el coche vio una estrella y rezó esto: Ya sé que no rezo mucho, perdón, pero quiero encontrar un Belén y un árbol de Navidad. De pronto, se les paró el coche, se bajaron, y se les apareció un ángel que dijo a Jorge: Has sido muy bueno en quitar cosas de la lista así que os daré el Belén y el árbol. Pasaron tres minutos y continuó el ángel: Miren en el maletero y veréis. Mientras el ángel se fue. Juan dijo: ¡Eh, muchas gracias! Pero, ¿qué pasa con el coche? Y dijo la madre: ¡Anda, si ya funciona! ¡Se ha encendido solo! Y el padre dio las gracias de nuevo.

Por fin llegó el día tan esperado, el día de los Reyes Magos. Cuando Jorge se levantó y fue a ver los regalos que le habían traído, se llevó una gran sorpresa. Le habían traído las veinticinco cosas de la lista. Enseguida, despertó a sus padres y les dijo que quería repartir sus juguetes con los niños más pobres.
Pasó una semana y el niño trajo a casa a muchos niños pobres. La madre de Jorge hizo el chocolate y pasteles para todos. Todos fueron muy felices. Y colorín, colorado, este cuento ha acabado.



Cuento de Navidad

Autor: Desconocido

Érase un hombre que no creía en Dios. No tenía reparos en decir lo que pensaba de la religión y las festividades religiosas, como la Navidad. Su mujer, en cambio, era creyente a pesar de los comentarios desdeñosos de su marido.

Una nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponía a llevar a los hijos al oficio navideño de la parroquia de la localidad agrícola donde vivían. Le pidió al marido que los acompañara, pero él se negó.

¡Qué tonterías! - arguyó - ¿Por qué Dios se iba a rebajar a descender a la Tierra adoptando la forma de hombre? ¡Qué ridiculez!

Los niños y la esposa se marcharon y él se quedó en casa.

Un rato después, los vientos empezaron a soplar con mayor intensidad y se desató una ventisca. Observando por la ventana, todo lo que aquel hombre veía era una cegadora tormenta de nieve. Y decidió relajarse sentado ante la chimenea.

Al cabo de un rato, oyó un golpazo; algo había golpeado la ventana. Luego, oyó un segundo golpe fuerte. Miró hacia afuera, pero no logró ver a más de unos pocos metros de distancia. Cuando empezó amainar la nevada, se aventuró a salir para averiguar qué había golpeado la ventana. En un campo cercano descubrió una bandada de gansos salvajes. Por lo visto iban camino al sur para pasar allí el invierno, y se vieron sorprendidos por la tormenta de nieve y no pudieron seguir. Perdidos, terminaron en aquella finca sin alimento ni abrigo. Daban aletazos y volaban bajo en círculos por el campo, cegados por la borrasca, sin seguir un rumbo fijo.

Sintió lástima de los gansos y quiso ayudarlos.

Dirigiéndose al establo, abrió las puertas de par en par. Luego, observó y aguardó, con la esperanza de que las aves advirtieran que estabaabierto y entraran. Los gansos, no obstante, se limitaron a revolotear dando vueltas. No parecía que se hubiesen dado cuenta siquiera de la existencia del granero y de lo que podría significar en sus circunstancias. El hombre intentó llamar la atención de las aves, pero sólo consiguió asustarlas y que se alejaran más.

Entró en su casa y salió con algo de pan. Lo fue partiendo en pedazos y dejando un rastro hasta el establo. Sin embargo, los gansos no entendieron.

El hombre empezó a sentir frustración. Corrió tras ellos tratando de ahuyentarlos en dirección al granero. Lo único que consiguió fue asustarlos más y que se dispersaran en todas las direcciones menos hacia el granero. Por mucho que lo intentara, no conseguiría que entraran al granero, donde estarían abrigados y seguros.

¿Por qué no me seguirán?- exclamó -¿es que no se dan cuenta de que ese es el único sitio donde podrán sobrevivir de la nevisca?

Reflexionando unos instantes, cayó en la cuenta de que las aves no seguirían a un ser humano.

Si yo fuera uno de ellos, entonces sí que podría salvarlos - dijo pensando en voz alta.

Seguidamente, se le ocurrió una idea. Entró al establo, agarró un ganso doméstico de su propiedad y lo llevó en brazos, paseándolo entre sus congéneres salvajes. A continuación, lo soltó.

Su ganso voló entre los demás y se fue directamente al interior del establo. Una por una, las otras aves lo siguieron hasta que todas estuvieron a salvo.

El campesino se quedó en silencio por un momento, mientras las palabras que había pronunciado hacía unos instantes aún le resonaban en la cabeza: Si yo fuera uno de ellos, ¡entonces sí que podría salvarlos!

Reflexionó luego en lo que le había dicho a su mujer aquel día: ¿Por qué iba Dios a querer ser como nosotros? ¡Qué ridiculez!

De pronto, todo empezó a cobrar sentido. Entendió que eso era precisamente lo que había hecho Dios. Diríase que nosotros éramos como aquellos gansos: estábamos ciegos, perdidos y a punto de perecer. Dios se volvió como nosotros a fin de indicarnos el camino, y por consiguiente, salvarnos. El agricultor llegó a la conclusión de que ese había sido ni más ni menos el objeto de la Navidad.

Cuando amainaron los vientos y cesó la cegadora nevasca, su alma quedó en quietud y meditó en tan maravillosa idea. De pronto comprendió el sentido de la Navidad y por qué había venido Jesús a la Tierra. Junto con aquella tormenta pasajera, se disiparon años de incredulidad.

Hincándose de rodillas en la nieve, elevó su primera plegaria: "¡Gracias, Señor, por venir en forma humana a sacarme de la tormenta!"


INVITACIÓN

Para celebrar la Navidad en su verdadero significado, te invitamos a reunir a tu familia y, frente al Pesebre, leer la historia tal y como sucedió en Belén. Ésta es una maravillosa manera de preparar nuestro corazón de buenas intenciones y propósitos para recibir a Jesús el 25 de diciembre.


Te presentamos la fuente de la tradición cristiana: el Evangelio, en San Lucas 2, 1- 14.

"En esos días, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de la Siria. Todos iban a inscribirse a sus respectivas ciudades. También José, como era descendiente de David, salió de la ciudad de Nazaret de Galilea y subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Cuando estaban en Belén, le llegó el día en que debía tener a su hijo.

Y dio a luz su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en una pesebrera, porque no había lugar para ellos en la hospedería. En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. El ángel del Señor se les apareció y los rodeó de claridad la Gloria del Señor, y fueron presa del temor.

Pero el ángel les dijo: 'No teman, porque yo vengo a comunicarles una buena nueva que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy ha nacido para ustedes en la ciudad de David un Salvador que es Cristo el Señor. En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en una pesebrera'.

De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron en torno al ángel, y cantaban a Dios: "Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracias y paz a los hombres".


ORACIONES DE NAVIDAD

Señor, te damos gracias por nuestra familia. Te pedimos que ella sea en la tierra el reflejo de la Trinidad de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Que los hijos, sepamos imitar a Jesús en el hogar de Nazaret, ser obedientes y crecer en sabiduría y amor con nuestros padres.

Ven a fortalecer nuestro amor de esposos para que siempre y en todo busquemos ser testigos de tu presencia. Que como padre sea la imagen del Padre del cielo, y como madre imite las virtudes de la Virgen María.

Por nuestras familias, para que lleguemos a ser comunidades de amor, donde tú eres el centro y la vida de nuestros hogares.


Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores,
el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto
fue posible y por lo que no pudo ser.
Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que
pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y los antiguos amores,
los más cercanos a mí y los que estén más lejos,
los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida, el trabajo,
el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón,
perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios
nuevamente te pido perdón.

En los próximos días iniciaremos un nuevo año
y detengo mi vida ante el nuevo calendario
aún sin estrenar y te presento estos días
que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad
llevando a todas partes un corazón lleno
de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios
a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno
que mi espíritu se llene sólo de bendiciones
y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría para que,
cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí
encuentren en mi vida un poquito de TI.

Danos un año feliz y enséñanos
a repartir felicidad. Amén


Señor,
Has que en esta navidad,
nuestro hogar sea luz
que se encuentre siempre encendida,
pan que colme al hambriento
y necesitado de amor,
mano que se extienda para dar y recibir,
alegría que pregone,
¡Nos ha nacido el Salvador!



Oración para la cena de Navidad

Hoy, Nochebuena, tenemos, de manera especial y como centro de nuestra familia a Jesucristo, nuestro Señor.

Vamos a encender un cirio en medio de la mesa para que ese cirio nos haga pensar en Jesús y vamos a darle gracias a Dios por habernos enviado a su Hijo Jesucristo.

Gracias Padre, que nos amaste tanto que nos diste a tu Hijo.

Señor, te damos gracias.

Gracias Jesús por haberte hecho niño para salvarnos.

Señor, te damos gracias.

Gracias Jesús, por haber traído al mundo el amor de Dios.

Señor, te damos gracias.

Señor Jesús, Tú viniste a decirnos que Dios nos ama y que nosotros debemos amar a los demás,

Señor, te damos gracias.

Señor Jesús, Tú viniste a decirnos que da más alegría el dar que el recibir,

Señor, te damos gracias.

Señor Jesús, Tú viniste a decirnos que lo que hacemos a los demás te lo hacemos a Ti.

Señor, te damos gracias.

Gracias María, por haber aceptado ser la Madre de Jesús.

María, te damos gracias.

Gracias San José, por cuidar de Jesús y María.

San José, te damos gracias.

Gracias Padre por esta Noche de Paz, Noche de Amor, que Tú nos has dado al darnos a tu Hijo, te pedimos que nos bendigas, que bendigas estos alimentos que dados por tu bondad vamos a tomar, y bendigas las manos que los prepararon, por Cristo Nuestro Señor, Amén.


LA NAVIDAD ES...

Si tienes amigos, ¡búscalos!,
La navidad es encuentro.
Si tienes enemigos, ¡reconcíliate!,
La Navidad es paz.
Si tienes pobres a tu lado, ¡ayúdalos!,
La Navidad es don.
Si tienes soberbia, ¡sepúltala!,
La Navidad es humildad.
Si tienes deudas, ¡págalas!,
La Navidad es justicia.
Si tienes pecado, ¡conviértete!,
La Navidad es gracia.
Si tienes tristeza, ¡reaviva tu alegría!,
La Navidad es gozo.
Si tienes errores, ¡reflexiona!,
La Navidad es verdad.
Si tienes odio, ¡olvídalo!,
La Navidad es amor.



MENSAJE DE NAVIDAD 2004– JUAN PABLO II

«¡Por doquier se ve la necesidad de paz!»

1. Christus natus est nobis, venite, adoremus! ¡Cristo ha nacido por nosotros, venid, a adorarlo! Vamos hacia Ti, en este día solemne, dulce Niño de Belén, que al nacer has escondido tu divinidad para compartir nuestra frágil naturaleza humana.
Iluminados por la fe, Te reconocemos como verdadero Dios encarnado por amor nuestro.¡Tú eres el único Redentor del hombre!

2. Ante el pesebre donde yace indefenso, que cesen tantas formas de creciente violencia, causa de indecibles sufrimientos; que se apaguen tantos focos de tensión, que corren el riesgo de degenerar en conflictos abiertos; que se consolide la voluntad de buscar soluciones pacíficas, respetuosas de las legítimas aspiraciones de los hombres y de los pueblos.

3. Niño de Belén, Profeta de paz, alienta las iniciativas de diálogo y de reconciliación, apoya los esfuerzos de paz que aunque tímidos, pero llenos de esperanza, se están haciendo actualmente por un presente y un futuro más sereno para tantos hermanos y hermanas nuestros en el mundo. Pienso en África, en la tragedia de Darfur en Sudán, en Costa de Marfil y en la región de los Grandes Lagos.
Con gran aprensión sigo los acontecimiento de Irak. Y ¿cómo no mirar con ansia compartida, pero también con inquebrantable confianza, a la tierra de la que Tú eres Hijo?

4. ¡Por doquier se ve la necesidad de paz! Tú, que eres el Príncipe de la verdadera paz, ayúdanos a comprender que la única v ía para construirla es huir horrorizados del mal y buscar siempre y con valentía el bien.¡Hombres de buena voluntad de todos los pueblos de la tierra, venid con confianza al pesebre del Salvador! «No quita los reinos humanos quien da el Reino de los cielos» (cf. himno litúrgico). Llegad para encontraros con Aquél que viene para enseñarnos el camino de la verdad, de la paz y del amor.

[Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede]




HOMILÍA DE JUAN PABLO II
NOCHE BUENA 2004

«¡Quédate con nosotros, Pan vivo bajado del Cielo para nuestra salvación!»

1. «Adoro Te devote, latens Deitas».

En esta Noche resuenan en mi corazón las primeras palabras del célebre himno eucarístico, que me acompaña día a día en este año dedicado particularmente a la Eucaristía.

En el Hijo de la Virgen, «envuelto en pañales» y «acostado en un pesebre» (cf. Lucas 2,12), reconocemos y adoramos «el pan bajado del cielo» (Juan 6,41.51), el Redentor venido a la tierra para dar la vida al mundo.

2. ¡Belén! La ciudad donde según las Escrituras nació Jesús, en lengua hebrea, significa «casa del pan». Allí, pues, debía nacer el Mesías, que más tarde diría de sí mismo: «Yo soy el pan de vida» (Jn 6,35.48).

En Belén nació Aquél que, bajo el signo del pan partido, dejaría el memorial de la Pascua. Por esto, la adoración del Niño Jesús, en esta Noche Santa, se convierte en adoración eucarística.

3. Te adoramos, Señor, presente realmente en el Sacramento del altar, Pan vivo que das vida al hombre. Te reconocemos como nuestro único Dios, frágil Niño que estás indefenso en el pesebre. «En la plenitud de los tiempos, te hiciste hombre entre los hombres para unir el fin con el principio, es decir, al hombre con Dios» (cf. San Ireneo, «Adversus Haereses», IV,20,4).

Naciste en esta Noche, divino Redentor nuestro, y, por nosotros, peregrino por los senderos del tiempo, te hiciste alimento de vida eterna.

¡Acuérdate de nosotros, Hijo eterno de Dios, que te encarnaste en el seno de la Virgen María! Te necesita la humanidad entera, marcada por tantas pruebas y dificultades.

¡Quédate con nosotros, Pan vivo bajado del Cielo para nuestra salvación! ¡Quédate con nosotros para siempre! Amén.

[Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede]



MENSAJE DE NAVIDAD 2003 – JUAN PABLO II

«Sálvanos de los grandes males que afligen a la humanidad»
25 diciembre 2003, desde la Plaza de San Pedro

1. «Descendit de caelis Salvator mundi. Gaudeamus!»
Bajó del cielo el Salvador del mundo. ¡Alegrémonos!
Este anuncio, lleno de un profundo gozo,
resonó en la noche de Belén.

Hoy la Iglesia lo reitera con alegría inmutable:
¡ha nacido para nosotros el Salvador!
Una ola de ternura y esperanza nos llena el ánimo,
junto con una profunda necesidad de intimidad y paz.

En el pesebre contemplamos a Aquél
que se despojó de la gloria divina
para hacerse pobre, movido por el amor al hombre.
Junto al pesebre, el árbol de Navidad
con el centelleo de sus luces,
nos recuerda que con el nacimiento de Jesús
florece de nuevo el árbol de la vida en el desierto de la humanidad.

El pesebre y el árbol: símbolos preciosos,
que transmiten a lo largo del tiempo el verdadero sentido de la Navidad.

2. Resuena en el cielo el anuncio de los ángeles:
«En la ciudad de David,
os ha nacido un salvador, que es el Cristo Señor» (Lucas 2,11).
¡Qué asombro!
Naciendo en Belén, el Hijo eterno de Dios
entró en la historia de cada persona
que vive sobre la faz de la tierra.
Ya está presente en el mundo
como único Salvador de la humanidad.
Por esto nosotros le pedimos:
«Salvator mundi, salva nos!».

3. Sálvanos de los grandes males que afligen a la humanidad
al inicio del tercer milenio.
Sálvanos de las guerras y de los conflictos armados
que devastan regiones enteras del globo;
sálvanos de la plaga del terrorismo
y de tantas formas de violencia
que torturan a personas débiles e inermes.
Sálvanos del desánimo
para emprender los caminos de la paz,
ciertamente difíciles, pero posibles y por tanto obligados;
caminos apremiantes, siempre y doquier,
sobre todo en la tierra donde naciste tú,
Príncipe de la Paz.

4. Y tú, María, Virgen de la espera y del cumplimiento,
que conservas el secreto de la Navidad,
haznos capaces de reconocer en el Niño,
que estrechas en tus brazos, al Salvador anunciado,
que trae a todos la esperanza y la paz.
Contigo lo adoramos y decimos confiados:
tenemos necesidad de ti, Redentor del hombre,
que conoces las expectativas y ansias de nuestro corazón.
¡Ven y permanece con nosotros, Señor!
¡Que la alegría de tu Navidad
llegue hasta los últimos confines del universo!

Traducción del original italiano distribuida por la Sala de Prensa de la Santa Sede



HOMILÍA DE JUAN PABLO II
NOCHE BUENA 2003
«Tú vienes a traernos la paz. ¡Tú eres nuestra paz!»

1. «Puer natus est nobis, filius datus est nobis» (Isaías 9, 5).

En las palabras del profeta Isaías, proclamadas en la primera Lectura, se encierra la verdad sobre la Navidad, que esta noche revivimos juntos.

Nace un Niño. Aparentemente, uno de tantos niños del mundo. Nace un Niño en un establo de Belén. Nace, pues, en una condición de gran penuria: pobre entre los pobres.

Pero Aquél que nace es «el Hijo» por excelencia: «Filius datus est nobis». Este Niño es el Hijo de Dios, de la misma naturaleza del Padre. Anunciado por los profetas, se hizo hombre por obra del Espíritu Santo en el seno de una Virgen, María.

Cuando, dentro de poco cantemos en el Credo «... et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine et homo factus est», todos nos arrodillaremos. Meditaremos en silencio el misterio que se realiza: «Et homo factus est»! Viene a nosotros el Hijo de Dios y nosotros lo recibimos de rodillas.

2. «Y la Palabra se hizo carne» (Juan 1,14). En esta noche extraordinaria la Palabra eterna, el «Príncipe de la paz» (Isaías 9,5), nace en la mísera y fría gruta de Belén.

«No temáis, dice el ángel a los pastores, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor» (Lucas 2,11). También nosotros, como los pastores desconocidos pero afortunados, corramos para encontrar a Aquél che cambió el curso de la historia.

En la extrema pobreza de la gruta contemplamos a «niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lucas 2,12). En el recién nacido inerme y frágil, que da vagidos en los brazos de María, «ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (Tito 2,11). Permanezcamos en silencio y ¡adorémosle!

3. ¡Oh Niño, que has querido tener como cuna un pesebre; oh Creador del universo, que te has despojado de la gloria divina; oh Redentor nuestro, que has ofrecido tu cuerpo inerme como sacrificio para la salvación de la humanidad!

Que el fulgor de tu nacimiento ilumine la noche del mundo. Que la fuerza de tu mensaje de amor destruya las asechanzas arrogantes del maligno. Que el don de tu vida nos haga comprender cada vez más cuánto vale la vida de todo ser humano.

¡Demasiada sangre corre todavía sobre la tierra! ¡Demasiada violencia y demasiados conflictos turban la serena convivencia de las naciones!

Tú vienes a traernos la paz. ¡Tú eres nuestra paz! Sólo tú puedes hacer de nosotros «un pueblo purificado» que te pertenezca para siempre, un pueblo «dedicado a las buenas obras» (Tito 2,14).

4. «Puer natus est nobis, filius datus est nobis!». ¡Qué misterio inescrutable esconde la humildad de este Niño! Quisiéramos como tocarlo; quisiéramos abrazarlo.

Tú, María, que velas sobre tu Hijo omnipotente, danos tus ojos para contemplarlo con fe: danos tu corazón para adorarlo con amor.

En su sencillez, el Niño de Belén nos enseña a descubrir el sentido auténtico de nuestra existencia; nos enseña a «llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa» (Tt 2,12).

5. ¡Oh Noche Santa y tan esperada, que has unido a Dios y al hombre para siempre! Tú enciendes de nuevo la esperanza en nosotros. Tú nos llenas de extasiado asombro. Tú nos aseguras el triunfo del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte.

Por esto permanecemos absortos y rezamos.

En el silencio esplendoroso de tu Navidad, tú, Emmanuel, sigues hablándonos. Y nosotros estamos dispuestos a escucharte. Amén.

[Traducción del original italiano distribuida por la Sala de Prensa de la Santa Sede]



MENSAJE DE NAVIDAD 2004 – Cardenal Francisco Javier Errázuriz O.


"No teman, porque les traigo una buena noticia"
“No teman, porque les traigo una buena noticia,
una gran alegría para todo el pueblo:
Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador,
que es el Mesías, el Señor.”

¡No teman! Pero, los pastores ¿cómo abandonarían el temor? Era de noche. Los rodeaba la oscuridad. Había tinieblas y sombras de muerte en la tierra. Ya no era el suyo un pueblo soberano. Los impuestos se los llevaba el imperio. Y se infiltraban costumbres ajenas a su cultura y a sus tradiciones. Las incubaba la corte del Rey. Y muchos de sus propios maestros endurecían la interpretación de las Escrituras. Y otros no se preocupaban de la venida del Mesías. Confundido caminaba por la oscuridad el pueblo que buscaba la luz.

Pero había llegado la hora de alejarse del temor que cundía por la tierra. El campanario del tiempo, desde la altura de Dios, anunciaba la hora de la alegría y de la paz. Fue la primera palabra que esa noche les transmitió el Mensajero de Dios, mientras la gloria del Señor los envolvía con su luz. ¡No teman, les traigo una buena noticia, una gran alegría! Ha nacido Jesús, el Salvador.

Asombrosa sabiduría la de nuestro Dios. ¿Qué podría ser más lejano al temor que el nacimiento de un niño, lejos del alboroto producido por el censo, en la ciudad de David? Volver al recuerdo de David, ya era una buena noticia. Acababa de nacer el que ocuparía el trono de David, su padre, del Rey pastor, del pastor que ya muy joven fue victorioso, porque puso toda su confianza en Dios. De él se decía que había vivido según el corazón de Dios.

¿Cómo no iba a ser causa de alegría para todo el pueblo, que el Mesías apareciera en este mundo como un niño, con la sencillez y la sonrisa de un recién nacido? Sin imponer nada, conquistando nuestro cariño y nuestra admiración, disipando temores, y pidiendo simplemente nuestro corazón, aun nuestra ayuda. Así lo cantan los villancicos, proclamando que la noche se hizo más clara que el mismo día. Acababa de aparecer el sol que nace de lo alto, venido a este mundo a iluminar nuestros días, nuestros pesares, nuestros desconciertos, nuestros extravíos, y todas nuestras esperanzas.

Fue acogido por María y por José con mucho amor y admiración. En la apertura, la gratitud y la delicadeza de su alma lo acogía toda la humanidad: las mujeres, los hombres, los jóvenes, los ancianos y los niños de todos los tiempos; también nosotros. Así lo quiso el Padre de los cielos. Con la adoración de los pastores y los dones de los sabios de oriente llegamos también nosotros al pesebre. La generosidad de Dios, que nos envió a su propio Hijo para que fuera nuestro mejor hermano y único redentor, y para que obrara la paz entre los hombres, produjo la explosión de la generosidad en la tierra; hasta el día de hoy: en esta noche familiar, de paz, de amor, de cercanía fraterna y de incontables regalos.

Queremos que el eco de la buena noticia, que nos llena de alegría, como lo dice el canto, vaya de valle en valle, de ciudad en ciudad, de población en población, de familia en familia, de corazón en corazón, y que penetre como rocío de esperanza nuestros sentimientos más profundos, y nos acerque a Dios como hijos de su perdón y de su benevolencia, y a los hermanos más queridos, como también a los más lejanos.

Con frecuencia nos cansamos, desconfiamos de nosotros mismos y de los demás, nos enemistamos y alimentamos rencores, optamos por actitudes mezquinas y por exigir más derechos, por cobrarles cuentas a los otros y por satisfacer anhelos a costa de los demás, y así nos invaden tinieblas y sombras de muerte, perdemos la paz y caemos en el temor. Nuestra historia nos lo dice: no inundemos ni el presente ni el futuro con las dolorosas, las dolorosísimas exclusiones del pasado.

Acerquémonos a la aurora del nuevo día. ¡Cómo nos inunda de paz saber que Dios optó por otro camino: por acercarse a nosotros y por amarnos primero, por sonreírnos en Belén desde el rostro del Niño, y por ofrecernos su perdón y su paz! E invitó a María y a José – y también a todos nosotros – a vivir una alianza de paz, con Él, entre nosotros y con la creación, que se exprese en nuestros sentimiento y en nuestras actitudes, que se convierta en canto y en poesía, que se manifieste en toda nuestra cultura y en nuestras instituciones, en nuestras familias, en nuestros servidores públicos, y en nuestros valiosos comunicadores.

Así nos convoca ahora, en camino al Bicentenario, a erradicar todo lo que se opone al espíritu de Belén: las enemistades, la violencia y las injusticias que la provocan, las miserias, las deslealtades, el temor y la desesperanza. Nos invita a abrir nuestro espíritu para que llegue a él esa semilla de un mundo nuevo que es la buena noticia de Jesús y de su evangelio.

¡De corazón les deseo una feliz Navidad!

† Francisco Javier Errázuriz Ossa
Cardenal Arzobispo de Santiago

Santiago, 24 diciembre 2004



RETIRO DE NAVIDAD I

P. Pedro Barrajón, L.C.


Para prepararnos al vivir el misterio de la Navidad con más profundidad y alegría

El nacimiento de Jesucristo, raíz última de todas las celebraciones navideñas


Este retiro ha sido grabado por el P. Pedro Barrajón, L.C.

Se ofrecen dos meditaciones para este retiro. A continuación puede escucharlas o descargarlas.

1. Primera Meditación: El Misterio de la Encarnación (4.5 Mb) Duración 25´13 minutos

2. Reflexión

  • ¿Soy consciente del gran amor que Dios me tiene?
  • ¿He meditado en el inmenso amor que me ha demostrado a lo largo de mi vida? ¿En qué lo noto?
  • Las preocupaciones y los pendientes de la temporada navideña, ¿me dejan acoger a Dios en mi corazón? ¿Qué actitud tengo para recibirlo? ¿Soy indiferente o ni siquiera me acuerdo?
  • ¿Qué propósito voy a hacer para que en esta Navidad Cristo pueda encontrar posada en mi corazón?

3. Meditación: La alegría de la Navidad (5,1 Mb). Duración 24´54 minutos.

4. Reflexión


1. ¿Cuáles son las señales que Dios envía a mi vida? ¿Cuáles son sus mensajes para mi vida?
2. ¿Espero signos extraordinarios? ¿Cómo acepto la Voluntad de Dios en mi vida?
3. ¿Cómo es mi alegría? ¿Vana y pasajera o profunda?¿Creo que el dinero la puede comprar? ¿El goce desenfrenado del placer o del poder? ¿En dónde la busco?
4. Navidad es también época de paz. ¿Tengo paz verdadera en mi corazón? ¿Qué me perturba y me inquieta?



RETIRO DE NAVIDAD II

«El amor, la pureza y la alegría de María en Navidad»

P. Marcelino de Andrés, L.C.

1.         Sugerencias para el retiro espiritual

El retiro es una oportunidad de pasar un rato con Jesucristo. Nos permite descubrir como podemos parecernos mas a Él, y como amarlo mas.

Un retiro espiritual es un momento de encuentro con Dios en la oración y en el silencio.
  1. Programa el tiempo suficiente para hacerlo.
  2. Dedica el momento más oportuno, según lo permitan tus ocupaciones.
  3. Elige un lugar apropiado donde puedas orar sin distracción alguna: una iglesia, tu recámara o estudio, una casa de retiros... un sitio donde haya silencio y no te interrumpan.
El objetivo es experimentar a Cristo y profundizar en tu amor por Él, por eso te ayuda mucho el participar en la Eucaristía antes o después del retiro

Para sacar mayores frutos de tu meditación, toma en cuenta los siguientes pasos:

  1. Ponte en presencia de Dios: con fe viva toma conciencia de que vas a dialogar con Dios.
  2. Inicia con una petición: encomiéndate a Dios, pídele que te dé a conocer qué quiere de ti.
  3. Lee el pasaje del Evangelio y escucha las reflexiones tratando de hacerlas tuyas. Piensa en que Cristo te está llamando para algo muy grande: tu salvación. Mientras avanzas en la reflexión, dialoga con Cristo, comparte con Él tus inquietudes, tus deseos, tus sufrimientos.
  4. Saca conclusiones para tu vida. ¿En qué puedes cambiar? ¿Cuál es la voluntad de Dios en tu vida? ¿Cómo puedes corresponder a su amor? Etc.
  5. Con mucha sinceridad contesta mentalmente las preguntas del cuestionario
  6. Proponte un objetivo práctico: Dios te dará muchas luces para enriquecer tu vida cristiana, que tendrán resonancia en la medida en que las encauces a un objetivo concreto, como puede ser el ejercicio de una virtud, el corregir un defecto, el tomar una decisión que Dios te pide y a ti te cuesta mucho, etc.
  7. Finalmente, despídete de Dios agradeciéndole este rato de oración.

2.         Retiro: El amor, la pureza y la alegría de María en Navidad (P. Marcelino de   Andrés, L.C.)

1. Meditación: María en Navidad (3.93 MB). Duración 18:13 minutos. Puede escucharlas o descargarlas. (http://www.vocacion.org/content-anv.htm)

2.         Cuestionario para reflexionar después de la meditación sobre el amor, la pureza y la alegría de María en Navidad
 
a.         ¿Cómo es mi amor a Dios y a los demás: sólo de sentimiento, de deseos e ilusiones? ¿O es un amor de donación y entrega en obras concretas?

b.         ¿Soy capaz de desprenderme de mí mismo para darme a los demás, buscando su bienestar y felicidad por encima de los míos?

c.         ¿Soy de verdad y profundamente feliz? ¿De qué hago depender mi felicidad: de mi salud, de mi dinero, de mi fama, de mis diversiones y placeres? ¿Tengo a Dios como el fundamento de mi paz y felicidad, consciente de que todo lo demás puede fallarme?

d.         ¿Encuentro mi mayor satisfacción en cumplir su voluntad y en amarlo a Él y a los demás, sabiendo que eso es lo que queda para la eternidad?

3.         Meditación: En comunión con Cristo (5 MB). Duración 23:13 minutos.  Puede escucharlas o descargarlas. (http://www.vocacion.org/content-anv.htm)

4.         Cuestionario  para reflexionar después de la meditación ¿Cómo vivió María la Navidad?

a.         ¿Cómo es mi fe en Dios? ¿Veo con fe todo lo que me ocurre, descubro la mano de Dios en todo y todo lo acepto como permitido por Él, aunque no lo entienda y me cause dolor?

b.         ¿Cómo es mi confianza en Dios? ¿Me fío de Él en todo momento y circunstancia? ¿Vivo siempre en paz interior sabiéndome en manos de un Padre que todo lo puede y sólo puede querer mi bien?

c.         ¿Vivo con humildad y sencillez todos los momentos y circunstancias de mi vida: tanto los de éxito y prosperidad, como los de fracaso y prueba?

d.         ¿Soy pobre de espíritu o estoy apegado a las cosas materiales en un modo desordenado que no me permite tener el alma libre para poseer a Dios en plenitud?




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