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PERFIL FORMATIVO
Siguiendo las orientaciones del «Directorio General para la Catequesis»
y de las «Orientaciones para la Catequesis en Chile» ,
que resaltan la importancia de formar al Educador de la Fe, en el Ser, en el
Saber, y en el Saber Hacer, que apuntan al logro de una madurez humana, cristiana
y apostólica, nuestro Pontificio Instituto Catequístico procura
el crecimiento y desarrollo de sus alumnos en las siguientes Áreas de
formación:
1. Formación Humana del Educador de la Fe.
La gracia sobrenatural no suprime la naturaleza, sino que la eleva. La formación
espiritual supone y exige la formación humana del educador de la fe.
Esta formación, no es solo por el bien del formando, sino que también influirá profundamente en su misión evangelizadora y catequética. Su madurez humana, su equilibrio psicológico, la firmeza de su voluntad condicionarán notablemente, para bien o para mal, la eficacia de su apostolado. El modo de pensar del educador de la fe, su actuación, su presentación personal, su trato, su manera de expresarse…; en una palabra, su configuración humana y social abre o cierra las puertas del diálogo, de la confianza, de la amistad. El objetivo central de la formación humana es fomentar la madurez humana. Esto implica:
- El desarrollo íntegro, armónico y jerarquizado de sus facultades.
- La formación de la dimensión moral.
- La formación en el trato y el comportamiento social
2. Formación Espiritual del educador de la fe.
El educador de la fe, ante todo, debe ser para sus educandos un hombre de Dios, identificado con Cristo Maestro y Pastor. Esto implica un proceso gradual y dinámico en el que Dios va penetrando poco a poco todas sus facultades, sus sentimientos, su actuación, elevándolas con la gracia, en la medida en que cada persona colabora activamente con su acción. Esto se logra especialmente, a través de:
- El cultivo de una profunda vida de oración.
- La práctica consciente y frecuente de los sacramentos.
- La práctica activa y amorosa de las virtudes teologales.
- La devoción activa a nuestra Madre la Virgen María, que consiste
en la imitación de sus virtudes.
3. Formación intelectual del educador de la fe
El Educador de la Fe, está llamado por vocación a ser “maestro”, participando de la Misión de Cristo Maestro (Mt 28,19). Las personas se acercarán al Educador de la Fe, buscando luz sobre sus problemas y respuestas claras basadas en la fe y en el conocimiento profundo del corazón humano.
El Educador de la Fe, se debe desempeñar en ambientes más informados y críticos, ideológicamente más pluralistas, frecuentemente hostiles o indiferentes; con intrincadas problemáticas morales, etc. Todo esto y mucho más, exige al Educador de la Fe un profundo dominio de las verdades de la fe, un adecuado manejo de aspectos científicos y culturales, de tal manera que se haga posible el contacto efectivo con las personas de su época, y la eficaz transmisión del Evangelio.
Esto se logra especialmente, a través de:
- La formación de capacidades y hábitos intelectuales.
- La formación filosófica.
- La formación teológica.
- Una amplia cultura general.
- El saber comunicar el mensaje.
4. Formación Apostólica del Educador de la Fe.
Todas las anteriores Áreas de formación, tienen sentido en función de la misión pastoral del Educador de la Fe, la cual es parte de su identidad, pues Cristo llamó a los doce «para… enviarlos a predicar» (Mc 3,14). El Educador de la Fe ha sido llamado para ser enviado como mensajero de la Buena Nueva de Jesucristo y del Reino de Dios.Esto se logra especialmente, a través de:
- La formación de un corazón apostólico, consciente de la misión, con un profundo sentido eclesial y con una opción preferencial por los pobres y necesitados.
- La formación metodológica, didáctica y pastoral adecuada para la instancia de educación de la fe específica en donde prestará su servicio.
Copyright © por Pontificio Instituto Catequístico Escuela de la Fe Derechos Reservados. Publicado en: 2004-02-01 (4228 Lecturas)  [ Volver Atrás ] |
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