
Con el lema: “Quédate con nosotros, Señor”, el sábado 7 de mayo, nuestra Iglesia chilena celebra el Día del Catequista. Esta fiesta se realiza en todo el país desde 1990, por acuerdo de los obispos, en la víspera de la festividad de la Ascensión del Señor. En Santiago se calcula que trabajan unos 30 mil catequistas, en parroquias, capillas y colegios.
• Carta de Mons. Miguel Caviedes M., Presidente de la Comisión Nacional de Catequesis
• Carta de Mons. José Carraro B, Director de la Comisión Nacional de Catequesis
• Esquema Celebración Eucaristía “Día del Catequista”
• Oraciones del Catequista
• Juan Pablo II, Homilía Jubileo de los Catequistas y Profesores de Religión
• Joseph Ratzinger, Conferencia pronunciada en el Congreso de catequistas y profesores de religión, Roma, 10.XII.2000
• Celebración Día del Catequista
• Galería de Fotos Celebración Día del Catequista
Los Ángeles, abril de 2005
Apreciados catequistas:
Desde mi Diócesis de Los Ángeles y como Presidente de la Comisión Nacional de Catequesis, les envío a todos mis saludos fraternos y mis deseos de que, como ya es tradicional, celebren con alegría y gratitud el Día Nacional del Catequista.
Me parece sumamente acertada la idea de preparar el Día del Catequista con una Semana del Catequista. Se trata de una nueva iniciativa que yo apruebo y bendigo. Los educadores de la fe en nuestra Patria son muy numerosos y su labor es reconocida y valorada por todos los Obispos y Párrocos.
Es muy conveniente, por lo tanto, que toda la Comunidad Cristiana, se una a ustedes para celebrar la hermosa vocación de ser catequistas y los acompañen en su semana.
El lema que la Comisión Nacional les ha propuesto en este año es “Quédate con nosotros, Señor.” Estamos en el año de la Eucaristía. Ustedes, queridos catequistas, deberían ser los primeros en aprovechar de esta oportunidad para revisar y revitalizar la espiritualidad eucarística. El Santo Padre Juan Pablo II, de feliz memoria, nos ha regalado un precioso documento para que sea leído y meditado también por todos ustedes, educadores de la fe. Me refiero a la Carta Apostólica Mane Nobiscum Domine, es decir, “Quédate con nosotros, Señor”.
A este propósito nos dice a todos el nuevo Papa Benedicto XVI:
“Intensifiquen en los próximos meses el amor y la devoción a Jesús Eucaristía y expresen con valentía y claridad la fe en la presencia real del Señor, sobretodo mediante la solemnidad y la dignidad de las celebraciones”. También nos dice: “Alimentados y sostenidos por la Eucaristía, los católicos no pueden dejar de sentirse estimulados a tender a aquella plena unidad que Cristo deseó ardientemente en el Cenáculo”.
Invito en esta oportunidad a todos los educadores de la fe a hacer de la Eucaristía realmente la fuente y la cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia. En la celebración fiel y digna de este sacramento encontrarán la fuerza necesaria para revitalizar constantemente la hermosa misión que el Señor, a través de su iglesia, les ha confiado: anunciar a todos la Buena Noticia de su amor redentor.
En nombre de todos mis hermanos Obispos de Chile, los bendigo en este día y los envío nuevamente a continuar con gozosa fidelidad la tarea que se les ha confiado, la de de cuidar la fe de sus hermanos.
Para todos ustedes un afectuoso saludo.
+ Mons. Miguel Caviedes
Obispo de Los Ángeles
Presidente Comisión Nacional de Catequesis
Director(a)
Comisión Diocesana de Catequesis
PRESENTE
Estimados amigos:
Nuevamente les envío a todos saludos cariñosos de parte mía y de la Comisión Nacional. Les deseo un buen trabajo y muchos éxitos para el bien de la Iglesia local.
Me imagino que habrán celebrado muy bien las fiestas pascuales y que ya estarán pensando en el día del catequista.
Como siempre, mi carta-circular tiene el propósito de comunicarme con cada uno de ustedes y proporcionales noticias de interés catequístico, noticias que ustedes compartirán con los colaboradores más cercanos.
1.- SEMANA DE LA CATEQUESIS Y DIA DEL CATEQUISTA.
La Comisión Nacional ha pensado que sería interesante dedicar cada año una semana a la catequesis, como ya lo hace la pastoral de la familia, la pastoral bíblica, la pastoral ecuménica etc. ¿Por qué no entonces la pastoral catequética?
Nos ha parecido muy conveniente, para esta iniciativa, escoger la misma semana del Día del Catequista. Este sería entonces como el broche de oro de la misma.
Les proponemos comenzar de a poco y a partir de este año 2005, aunque sea con pequeños grupos de catequistas. Se hará camino al andar.
Para apoyar las posibles iniciativas locales, les enviamos ahora algunas sugerencias.
1.1.-Lema de la semana: “Quédate con nosotros, Señor”: Es el título de la Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II (Mane Nobiscum Domine). Ya está listo el póster, preparado como siempre por el Instituto de Catequesis de Santiago. Lo pueden solicitar desde ahora.
Los invitamos a que celebren la semana y el día del catequista, centrados en el Misterio de la Eucaristía. Las razones son obvias. Contamos con abundante material.
1.2-Posibles iniciativas locales:
Promover entre los catequistas el estudio personal o grupal de textos escogidos de algunos de estos documentos ya muy conocidos, con la ayuda de preguntas.
. Carta Apostólica: Dies Domini (Juan Pablo II, 1998).
. Carta Encíclica: Ecclesia de Eucaristía (Juan Pable II, 2003)
. Carta Apostólica:Mane nobiscum Domine (juan Pablo II, 2004)
Organizar algunos momentos de Adoración en la capilla o templo parroquial, invitando especialmente a los catequistas con sus grupos de catequizandos.
Sugerimos:
Programar un pequeño seminario-taller, para revitalizar la teología y la espiritualidad eucarística. Pueden participar todos los catequistas, invitando a los agentes de pastoral de la comunidad y contando con la participación del párroco o de algún invitado. Sugerimos esta iniciativa para el día viernes en la tarde.
Promover en la parroquia un encuentro con los catequistas antiguos, maestros que nos precedieron. Propuesta para el martes
Congregar a todos los catequistas de la comunidad para un foro –panel sobre las celebraciones eucarísticas dominicales: importancia, preparación, celebración, participación etc. Es importante la presencia del párroco, del coro litúrgico, de los lectores, de los acólitos, de los ministros extraordinarios de la comunión, del sacristán etc.
Como expresión muy concreta de aprecio a la Eucaristía, algunas catequistas, varones y damas, podrían organizarse para un buen aseo general, renovación y reordenamiento de todo lo que se refieres al altar, de los objetos sagrados, ornamentos, adornos, candelabros, manteles, ornamentos etc.
Con el apoyo del coro, los catequistas podrían invitar a todo la comunidad cristiana a un encuentro, bien preparado, para renovar y aprender nuevos cantos eucarísticos.
Invitar a grupos parroquiales a orar, posiblemente delante del Santísimo, el rosario con los Misterios de la Luz. El último es la institución de la Eucaristía.
Realizar durante la semana de la catequesis, una revisión de vida sobre el tema que nos interesa.
Una iniciativa interesante podría ser la de juntar a los catequistas y celebrar una eucaristía detenida, valorando cada momento de la liturgia con la ayuda del folleto editado por el Instituto de Catequesis a propósito de las partes de la santa misa.
Para el mismo día del catequista te aconsejamos la lectura y comentario de la carta a los catequistas de Chile de nuestro Presidente Mons. Miguel Caviedes.
Si deseas organizar algo más sistemático para el año de la Eucaristía, para los padres y apoderados de algún colegio o para los laicos en general de tu parroquia, puedes solicitar a la dirección indicada un conjunto de 8 fichas especialmente preparadas para encuentros mensuales. (Solicitar las fichas vía e-mail a Don Javier Díaz, integrante de la Comisión Nacional de Catequesis edec@salesianos.cl )
2.- NOTICIAS DE INTERÉS CATEQUÍSTICO
2.1. Congreso Internacional de catequesis familiar de iniciación a la vida eucarística.
Este se ha realizado en el Centro de Extensión de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Se había enviado oportunamente informaciones e invitaciones a todas las Comisiones Diocesanas de Chile. Han participado delegados de: Corea del Sur, Italia, España, Alemania, Perú, Santo Domingo, Uruguay, Argentina, Chile y otros.
Ha sido realmente un momento histórico para la evaluación de los cuarenta años de esta valiosa experiencia que, nacida en Chile, ha trascendido a varios países y con grandes éxitos. El encuentro ha sido de gran calidad por sus contenidos, aportes y dinámicas. La Comisión Nacional de Catequesis, en la próxima sesión, hará un balance de la misma y elaborará una síntesis de las propuestas con el fin de favorecer un nuevo relanzamiento de esta “Gracias de Dios”. Si deseas recibir el CD con todo el material, puedes comunicarte vía e-mail (catequesis@episcopado.cl) con nuestro secretario Don Jorge Pérez.
2.2.-Encuentro anual en Punta de Tralca
Este año 2005 no tendremos encuentros regionales, sino un único encuentro anual.
Este se realizará en Punta de Tralca entre el viernes 25 y el domingo 27 de noviembre. Apúntalo inmediatamente en tu agenda. Esperamos una buena participación de todas las comisiones diocesanas propias del Área Eclesial. El tema que veremos es de suma importancia (Kerigma y catequesis en América Latina). Ha sido promovido por el CELAM y lo estamos preparando. Te enviaremos informaciones a tiempo a fin de que tu diócesis pueda participar y aportar.
2.3.-Orientaciones para la Catequesis en Chile.
Te invito a continuar el compromiso de dar a conocer las OCCH y sobretodo de estudiarlas con los catequistas más iniciados. Si necesitas un apoyo puedes invitarme, siempre que sea a tiempo. En estas orientaciones encuentras muchas pistas operativas para su implementación.
2.4.-Catequética Fundamental para Educadores de la fe.
Una muy buena noticia para todos los educadores de la fe de las 27 diócesis de Chile, catequistas y profesores de religión. Pensando en la formación de los educadores de la fe, prioridad de prioridades, hemos editado un texto de Catequética sumamente importante y de fácil comprensión. Basta pensar en su autor: P. Mario Borillo, integrante de la Comisión Nacional de Catequesis y, por muchos años, su Director.
Todos los educadores de la fe deberían tener y estudiar detenidamente los contenidos de este texto, pues se trata de los fundamentos mismos de la acción catequética. Sin una buena catequética de base, es muy difícil construir un buen proceso formativo. Te invito no solamente a conocer este texto, sino a programar para todos los catequistas de tu diócesis, sea cual sea su nivel, (y también con los profesores de religión) un curso especial que sea base y fundamento indispensable para todos los otros cursos posibles. Realmente te lo recomiendo.
Para mayores informaciones comunícate con: edec@salesianos.cl
2.5.-Programa de visitas
Estoy pensando en programar una vista personal a las Comisiones Diocesanas de Catequesis. Entendemos las dificultades serias que todos tienen cuando se trata de viajar a Santiago o de participar a encuentros regionales costosos a lejanos. Ya que en este año no hay encuentros regionales del Área Eclesial, he pensado visitar yo mismo a las diócesis y conversar detenidamente con las comisiones para poder servir mejor e impulsar los programas ya iniciados como son : la implementación del RICA, la revisión y actualización de la catequesis de Confirmación, la organización local de la catequesis con discapacitados, el estudio del documento referente al Coordinados de la Catequesis parroquial y, la preparación del encuentro nacional sobre Kerigma y catequesis. Cuando tenga mayor seguridad te enviaré informaciones precisas.
AMIGO, basta por ahora. Saludos cariñosos de parte de la Comisión Nacional. ¡Animo y Adelante! Nos comunicaremos en Mayo, si el Señor lo permite.
Te deseo una excelente Semana de la Catequesis en tu diócesis, con la participación de muchos catequistas.
P. José Carraro B.
Director
Comisión Nacional de Catequesis.
ESQUEMA EUCARISTÍA DÍA DEL CATEQUISTA 2005

Motivación: Cada Comisión Diocesana de Catequesis (C.D.C.) la prepara acorde a la fiesta y realidad diocesana que celebra a sus catequistas
Canto de entrada: * Jerusalén, Jerusalén.
* Hoy llegamos a casa, Señor. (u otro)
Señor ten piedad: Perdón de los niños.
Tú, que siempre nos perdonas
porque nos quieres mucho;
Tú, que siempre nos perdonas,
Señor ten piedad.
Tú, que siempre nos escuchas...
... Cristo ten piedad.
Tú, que siempre nos ayudas...
... Señor ten piedad.
G l o r i a: Gloria a Dios.
Gloria a Dios, Gloria a Dios, Gloria al Padre...
Gloria a Dios, Gloria a Dios, Gloria al Hijo...
Gloria a Dios, Gloria a Dios, Gloria al Espíritu Santo...
A l e l u y a: Aleluya aleluya; vivo estás Señor Jesús
Aleluya aleluya; para siempre eres la luz.
Aclamación después del Evangelio: Vengan a
Él (sólo estribillo) (u otro)
OFERTORIO
Guía: Antes de presentar los dones de Pan y
Vino, ofrecemos nuestro quehacer catequístico.
En primer lugar presentamos nuestra vocación
de catequista y el servicio pastoral que realizamos.
Anhelamos que éste sea cada día más marcador, que deje huellas en el corazón de
nuestros hermanos.
(Llevamos al altar una cartulina con Huellas )
Un matrimonio catequista a nombre de todos los presentes, le dicen al Señor que queremos despertar y hacer crecer la fe de nuestros hermanos.
Sabemos que nuestros catequizandos son la tierra.
Un catequista lleva un pocillo con Tierra; tierra que necesita de cuidados:
Agua, (otro catequista avanza con el agua) luz, abono, para que en ella pueda germinar la semilla de la Palabra (catequista avanza con la Biblia en alto), que con cariño los catequistas proclaman. Así sus vidas serán más fecundas y florecerán (traen y colocan Flores al altar ).
Los jóvenes presentan el Pan y el Vino que luego serán el Cuerpo y la Sangre del Señor, alimento, fuerza, coraje y empuje para dar coherencia a nuestra vida y ser apoyo para nuestros hermanos.
Cantamos: Amar es entregarse (u otro)
Santo: Coro ( a elección )
Cordero: Coro ( a elección )
COMUNIÓN
Guía: Llegó el momento de recibir al Señor. El que no quiso dejarnos solos se hace presente en el Pan y Vino consagrados.
Catequistas, que éste sea un momento de gran intimidad con el Señor; abrámosle nuestro corazón sincero y fraterno.
Cantemos: * El Señor nos ha amado.
* Qué misión tan grande.
* Hambre de Dios.
E N V Í O (Entrega de un Cirio a cada Parroquia )
Guía: Invitamos a acercarse a los Coordinadores de Catequesis de las Parroquias. El Obispo o Vicario a nombre de la Iglesia Diocesana y de la Comisión Diocesana de Catequesis, les hará entrega de la Luz del Señor Resucitado, que ha subido a los cielos para volver a darnos con su Espíritu, fuerza en nuestra misión.
Sabemos que somos frágiles, pequeños, vulnerables y la ¡misión es tan grande! Pero no estamos solos. Además de su fuerza y compañía estamos los catequistas que en cada Parroquia formamos una familia.
Celebrante: Reciban la luz de Cristo, transfórmenla en amistad y esperanza para todos y en especial para quienes están solos y necesitan dar sentido a sus vidas.
Guía: (Mientras reciben el Cirio)
Cantamos: Tantos hombres (2ª estrofa y coro)
Bendición final
Celebrante invita a rezar un Ave María a la Virgen.
Canto: * Color esperanza.
* Que cante la vida.
Oración del Catequista

Señor, cuando pienso que soy catequista
de un grupo que se reúne en tu nombre,
se amontonan en mi memoria muchas palabras tuyas,
dichas desde tu experiencia, para mí.
Vosotros no os dejéis llamar «maestro»,
porque uno sólo es vuestro maestro,
y vosotros sois hermanos.
Tampoco os dejéis llamar «jefe»,
porque uno sólo es vuestro jefe.
Que no ocurra entre vosotros
lo que pasa en otros grupos de la tierra.
Al contrario, el que ocupa un cargo
que sea el servidor de todos.
¿Cómo unir, Señor, el compañerismo con la firmeza,
la humildad con la energía,
el diálogo con las decisiones,
la cercanía con la organización,
la igualdad con la función de responsable?
¿Cómo transmitir al grupo tu Buena Noticia,
si yo no la vivo con ilusión, fuerza y generosidad?
¿Cómo ser sal, luz y levadura,
si yo mismo ando, todavía dudando
y diciéndote todos los días «sí, pero...»?
Conviérteme primero a mí
para que pueda anunciar la Buena Noticia
a todos los que me has encomendado.
Tú que fuiste una síntesis de opuestos,
-acción y oración, suavidad y firmeza,
acogida y exigencia, corazón y objetividad,
amor y lucha- Trasmíteme tu temple interior,
para que sepa llevar las riendas,
de este grupo que me has encomendado,
con los ojos puestos en ti,
y los oídos en aquellas hermosas palabras:
«no he venido a ser servido, sino a servir».
Te doy gracias, porque me has llamado y elegido,
para ser acompañante de otras personas en su caminar hacia ti.
Lléname de tu fuego y de tu espíritu y
agarra mi mano con tu mano,
para que, juntos, agarremos muchas manos,
y muchas personas puedan vivir y sonreír,
saboreando la Buena Noticia de tu Evangelio.
Señor, no soy más que un catequista de un grupo que se reúne en tu nombre...
Amen.
ORACIÓN DEL CATEQUISTA
Me has llamado, Señor,
a continuar tu obra de anuncio del Reino
que inauguró entre nosotros
Jesús, tu Hijo y nuestro hermano.
Con los profetas te quiero gritar:
Mira, Señor, que no soy más que un joven
que no sabe hablar.
Pero, a pesar de todo,
aquí estoy para hacer tu voluntad
y proclamar a todos
que Tú eres el Dios de la Vida
el Dios de la Misericordia.
Tú, Señor, conoces muy bien
toda mi vida y mis dudas;
mis fragilidades y debilidades.
Sólo quiero que mi vida esté a tu disposición
como lo estuvo la de María,
creyente sencilla y Madre buena.
Señor, que sepa hacer resonar
tu mensaje en mi comunidad,
en el lugar donde vivo
para que la buena noticia llegue a todos
y el mundo crea en el Evangelio.
Amén
JUBILEO DE LOS CATEQUISTAS Y PROFESORES DE RELIGIÓN

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
Domingo 10 de diciembre de 2000
1. "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos" (Lc 3, 4). Con estas palabras se dirige hoy a nosotros Juan el Bautista. Su figura ascética encarna, en cierto sentido, el significado de este tiempo de espera y de preparación para la venida del Señor. En el desierto de Judá proclama que ya ha llegado el tiempo del cumplimiento de las promesas y el reino de Dios está cerca. Por eso, es preciso abandonar con urgencia las sendas del pecado y creer en el Evangelio (cf. Mc 1, 15).
¿Qué figura podía ser más adecuada que la de Juan Bautista para vuestro jubileo, amadísimos catequistas y profesores de religión católica? A todos vosotros, que habéis venido desde diversos países, en representación de numerosas Iglesias particulares, dirijo mi afectuoso saludo. Agradezco al señor cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Congregación para el clero, y a vuestros dos representantes, las amables palabras que, al comienzo de esta celebración, me han dirigido en nombre de todos vosotros.
2. En el Bautista encontráis hoy los rasgos fundamentales de vuestro servicio eclesial. Al confrontaros con él, os sentís animados a realizar una verificación de la misión que la Iglesia os confía. ¿Quién es Juan Bautista? Es, ante todo, un creyente comprometido personalmente en un exigente camino espiritual, fundado en la escucha atenta y constante de la palabra de salvación. Además, testimonia un estilo de vida desprendido y pobre; demuestra gran valentía al proclamar a todos la voluntad de Dios, hasta sus últimas consecuencias. No cede a la tentación fácil de desempeñar un papel destacado, sino que, con humildad, se abaja a sí mismo para enaltecer a Jesús.
Como Juan Bautista, también el catequista está llamado a indicar en Jesús al Mesías esperado, al Cristo. Tiene como misión invitar a fijar la mirada en Jesús y a seguirlo, porque sólo él es el Maestro, el Señor, el Salvador. Como el Precursor, el catequista no debe enaltecerse a sí mismo, sino a Cristo. Todo está orientado a él: a su venida, a su presencia y a su misterio.
El catequista debe ser voz que remite a la Palabra, amigo que guía hacia el Esposo. Y, sin embargo, como Juan, también él es, en cierto sentido, indispensable, porque la experiencia de fe necesita siempre un mediador, que sea al mismo tiempo testigo. ¿Quién de nosotros no da gracias al Señor por un valioso catequista -sacerdote, religioso, religiosa o laico-, de quien se siente deudor por la primera exposición orgánica y comprometedora del misterio cristiano?
3. Vuestra labor, queridos catequistas y profesores de religión, es muy necesaria y exige vuestra fidelidad constante a Cristo y a la Iglesia. En efecto, todos los fieles tienen derecho a recibir de quienes, por oficio o por mandato, son responsables de la catequesis y de la predicación respuestas no subjetivas, sino conformes al Magisterio constante de la Iglesia y a la fe enseñada desde siempre autorizadamente por cuantos han sido constituidos maestros y vivida de modo ejemplar por los santos.
A este propósito, quisiera recordar aquí la importante exhortación apostólica Quinque iam anni, que el siervo de Dios Papa Pablo VI dirigió al Episcopado católico cinco años después del concilio Vaticano II, es decir, hace treinta años, exactamente el 8 de diciembre de 1970. Él, el Papa, denunciaba la peligrosa tendencia a construir, partiendo de datos psicológicos y sociológicos, un cristianismo desligado de la Tradición ininterrumpida que le une a la fe de los Apóstoles (cf. L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 10 de enero de 1971, p. 2). Queridos hermanos, también a vosotros os corresponde colaborar con los obispos a fin de que el esfuerzo necesario para hacer que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo comprendan el mensaje no traicione jamás la verdad y la continuidad de la doctrina de la fe (cf. ib., p. 3).
Pero no basta el conocimiento intelectual de Cristo y de su Evangelio. En efecto, creer en él significa seguirlo. Por eso debemos ir a la escuela de los Apóstoles, de los confesores de la fe, de los santos y de las santas de todos los tiempos, que han contribuido a difundir y hacer amar el nombre de Cristo, mediante el testimonio de una vida entregada generosa y gozosamente por él y por los hermanos.
4. A este respecto, el pasaje evangélico de hoy nos invita a un esmerado examen de conciencia. San Lucas habla de "allanar los senderos", "elevar los valles", "abajar los montes y colinas", para que todo hombre vea la salvación de Dios (cf. Lc 3, 4-6). Esos "valles que deben elevarse" nos hacen pensar en la separación, que se constata en algunos, entre la fe que profesan y la vida que viven diariamente: el Concilio consideró esta separación como "uno de los errores más graves de nuestro tiempo" (Gaudium et spes, 43).
Los "senderos que deben allanarse" evocan, además, la condición de algunos creyentes que, del patrimonio integral e inmutable de la fe, cortan elementos subjetivamente elegidos, tal vez a la luz de la mentalidad dominante, y se alejan del camino recto de la espiritualidad evangélica para tener como referencia vagos valores inspirados en un moralismo convencional e irenista. En realidad, aun viviendo en una sociedad multiétnica y multirreligiosa, el cristiano no puede menos de sentir la urgencia del mandato misionero que impulsó a san Pablo a exclamar: "¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!" (1 Co 9, 16). En todas las circunstancias, en todos los ambientes, favorables o desfavorables, hay que proponer con valentía el evangelio de Cristo, anuncio de felicidad para todas las personas, de cualquier edad, condición, cultura y nación.
5. La Iglesia, consciente de ello, en los últimos decenios ha puesto mayor empeño aún en la renovación de la catequesis según las enseñanzas y el espíritu del concilio Vaticano II. Basta mencionar aquí algunas importantes iniciativas eclesiales, entre las que figuran las Asambleas del Sínodo de los obispos, especialmente la de 1974 dedicada a la evangelización; y también los diversos documentos de la Santa Sede y de los Episcopados, editados durante estos decenios. Un lugar especial ocupa, naturalmente, el Catecismo de la Iglesia católica, publicado en 1992, al que siguió, hace tres años, una nueva redacción del Directorio general para la catequesis. Esta abundancia de acontecimientos y documentos testimonia la solicitud de la Iglesia que, al entrar en el tercer milenio, se siente impulsada por el Señor a comprometerse con renovado impulso en el anuncio del mensaje evangélico.
6. La misión catequística de la Iglesia tiene ante sí importantes objetivos. Los Episcopados están preparando los catecismos nacionales, que, a la luz del Catecismo de la Iglesia católica, presentarán la síntesis orgánica de la fe de modo adecuado a las "diferencias de culturas, de edades, de la vida espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 24). Un anhelo sube del corazón y se convierte en oración: que el mensaje cristiano, íntegro y universal, impregne todos los ámbitos y niveles de cultura y de responsabilidad social. Y que, en particular, según una gloriosa tradición, se traduzca en el lenguaje del arte y de la comunicación social, para que llegue a los ambientes humanos más diversos.
En este momento solemne, con gran afecto os animo a vosotros, comprometidos en las diversas modalidades catequísticas: desde la catequesis parroquial, que, en cierto sentido, es levadura de todas las demás, hasta la catequesis familiar y la que se imparte en las escuelas católicas, en las asociaciones, en los movimientos y en las nuevas comunidades eclesiales. La experiencia enseña que la calidad de la acción catequística depende en gran medida de la presencia pastoralmente solícita y afectuosa de los sacerdotes. Queridos presbíteros, en particular vosotros, queridos párrocos, que no falte vuestra diligente laboriosidad en los itinerarios de iniciación cristiana y en la formación de los catequistas. Estad cerca de ellos, acompañadlos. Es un servicio muy importante que la Iglesia os pide.
7. "Siempre que rezo por vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio" (Flp 1, 4-5). Amadísimos hermanos y hermanas, de buen grado hago mías las palabras del apóstol san Pablo, que la liturgia de hoy vuelve a proponer, y os digo: vosotros, catequistas de todas las edades y condiciones, estáis siempre presentes en mis oraciones, y el recuerdo de vosotros, comprometidos en la difusión del Evangelio en todo el mundo y en todas las situaciones sociales, es para mí motivo de consuelo y esperanza. Junto con vosotros deseo hoy rendir homenaje a vuestros numerosos compañeros que han pagado con todo tipo de sufrimientos, y a menudo también con la vida, su fidelidad al Evangelio y a las comunidades a las que fueron enviados. Quiera Dios que su ejemplo sea estímulo y aliento para cada uno de vosotros.
"Todos verán la salvación de Dios" (Lc 3, 6), así proclamaba en el desierto Juan el Bautista, anunciando la plenitud de los tiempos. Hagamos nuestro este grito de esperanza, celebrando el jubileo del bimilenario de la Encarnación. Ojalá que todos vean en Cristo la salvación de Dios. Para eso, deben encontrarlo, conocerlo y seguirlo. Queridos hermanos, esta es la misión de la Iglesia; esta es vuestra misión. El Papa os dice: ¡Id! Como el Bautista, preparad el camino del Señor que viene.
Os guíe y asista María santísima, la Virgen del Adviento, la Estrella de la nueva evangelización. Sed dóciles, como ella, a la palabra divina, y que su Magníficat os impulse a la alabanza y a la valentía profética. Así, también gracias a vosotros, se realizarán las palabras del Evangelio: "Todos verán la salvación de Dios".
¡Alabado sea Jesucristo!
LA NUEVA EVANGELIZACIÓN
Joseph Ratzinger
Conferencia pronunciada el Congreso de catequistas y profesores de religión, Roma, 10.XII.2000
Introducción
La vida humana no se realiza por sí misma. Nuestra vida es una cuestión abierta, un proyecto incompleto, que es preciso seguir realizando. La pregunta fundamental de todo hombre es: ¿cómo se lleva a cabo este proyecto de realización del hombre? ¿Cómo se aprende el arte de vivir? ¿Cuál es el camino que lleva a la felicidad?
Evangelizar quiere decir mostrar ese camino, enseñar el arte de vivir. Jesús dice al inicio de su vida pública: he venido para evangelizar a los pobres (cf. Lc 4, 18). Esto significa: yo tengo la respuesta a vuestra pregunta fundamental; yo os muestro el camino de la vida, el camino que lleva a la felicidad; más aún, yo soy ese camino. La pobreza más profunda es la incapacidad de alegría, el tedio de la vida considerada absurda y contradictoria. Esta pobreza se halla hoy muy extendida, con formas muy diversas, tanto en las sociedades materialmente ricas como en los países pobres. La incapacidad de alegría supone y produce la incapacidad de amar, produce la envidia, la avaricia.... todos los vicios que arruinan la vida de las personas y el mundo. Por eso, hace falta una nueva evangelización. Si se desconoce el arte de vivir, todo lo demás ya no funciona. Pero ese arte no es objeto de la ciencia; sólo lo puede comunicar quien tiene la vida, el que es el Evangelio en persona.
Estructura y método de la nueva evangelización
Estructura
Antes de hablar de los contenidos fundamentales de la nueva evangelización quisiera explicar su estructura y el método adecuado. La Iglesia evangeliza siempre y nunca ha interrumpido el camino de la evangelización. Cada día celebra el misterio eucarístico, administra los sacramentos, anuncia la palabra de vida, la palabra de Dios, y se compromete en favor de la justicia y la caridad. Y esta evangelización produce fruto: da luz y alegría; de el camino de la vida a numeroso personas. Muchos otros viven, a menudo sin saberlo, de la luz y del calor resplandeciente de esta evangelización permanente. Sin embargo, existe un proceso progresivo de descristianización y de pérdida de los valores humanos esenciales, que resulta preocupante. Gran parte de la humanidad de hoy no encuentra en la evangelización permanente de la Iglesia el Evangelio, es decir, la respuesta convincente a la pregunta: ¿cómo vivir?
Por eso buscamos, además de la evangelización permanente, nunca interrumpida y que no se debe interrumpir nunca, una nueva evangelización, capaz de lograr que la escucho ese mundo que no tiene acceso a la evangelización "clásica". Todos necesitan el Evangelio. El Evangelio está destinado a todos y no sólo a un grupo determinado, y por eso debemos buscar nuevos caminos para llevar el Evangelio a todos.
Sin embargo, aquí se oculta también una tentación: la tentación de la impaciencia, la tentación de buscar el gran éxito inmediato, los grandes números. Y este no es el método del reino de Dios. Para el reino de Dios, así como para la evangelización, instrumento y vehículo del reino de Dios, vale siempre la parábola del grano de mostaza (cf. Mc 4, 31-32). El reino de Dios vuelve a comenzar siempre bajo este signo. Nueva evangelización no puede querer decir atraer inmediatamente con nuevos métodos, más refinadas, a las grandes mesas que se han alejado de la Iglesia. No; no es esta la promesa de la nueva evangelización. Nueva evangelización significa no contentarse con el hecho de que del grano de mostaza haya crecido el gran árbol de la Iglesia universal, ni pensar que basta el hecho de que en sus ramas pueden anidar aves de todo tipo, sino actuar de nuevo valientemente, con la humildad del granito, dejando que Dios decid cuándo y cómo crecerá (cf. Mc 4, 26-29).
Las grandes cosas comienzan siempre con un granito y los movimientos de masas son siempre efímeros. En su visión del proceso de la evolución, Teilhard de Chardin habla del "blanco de los orígenes": el inicio de las nuevas especies es invisible y está fuera del alcance de la investigación científica. Las fuentes se hallan ocultas; son demasiado pequeñas. En otras palabras, las grandes realidades tienen inicios humildes. Prescindamos ahora de si Teilhard tiene razón, y hasta qué punto, con sus teorías evolucionistas: la ley de los orígenes invisibles refleja una verdad presente precisamente en la acción de Dios en la historia. "No por ser grande te elegí; al contrario, eres el más pequeño de los pueblos; te elegí porque te amo...", dice Dios al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento y así expresa la paradoja fundamental de la historia de la salvación: ciertamente, Dios no cuenta con grandes números; el poder exterior no es el signo de su presencia.
Gran parte de los parábolas de Jesús Indican esta estructura de la acción divina y responden así a las preocupaciones de los discípulos, los cuales esperaban del Mesías éxitos y señales muy diferentes: éxitos del tipo que ofrece Satanás al Señor "Te daré todo esto, todos los reinos del mundo..." (cf. Mt 4, 9).
Desde luego, san Pablo, al final de su vida, tuvo la impresión de que había llevado el Evangelio hasta los confines de la tierra, pero los cristianos eran pequeñas comunidades dispersas por el mundo, insignificantes según los criterios seculares. En realidad fueron la levadura que penetra en la masa y llevaron en su interior el futuro del mundo (cf. Mt 13, 33).
Un antiguo proverbio reza: "Éxito no es un nombre de Dios". La nueva evangelización debe actuar como el grano de mostaza y no ha de pretender que surja inmediatamente el gran árbol. Nosotros vivimos con una excesiva seguridad por el gran árbol que ya existe o sentimos el afán de tener un árbol aún más grande, más vital. En cambio, debemos aceptar el misterio de que la Iglesia es al mismo tiempo un gran árbol y un granito. En la historia de la salvación siempre es simultáneamente Viernes santo y Domingo de Pascua.
El método
De esta estructura de la nueva evangelización deriva también el método adecuado. Ciertamente, debemos usar de modo razonable los métodos modernos para lograr que se nos escuche; o, mejor, para hacer accesible y comprensible la voz del Señor. No buscamos que se nos escuche a nosotros; no queremos aumentar el poder y la extensión de nuestras instituciones; lo que queremos es servir al bien de las personas y de la humanidad, dando espacio a Aquel que es la Vida.
Esta renuncia al propio yo, ofreciéndolo a Cristo para la salvación de los hombres, es la condición fundamental del verdadero compromiso en favor del Evangelio: "Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibía; si otro viene en su propio nombre, a ese lo recibiréis" (Jn 5, 43).
Lo que distingue al anticristo es el hecho de que habla en su propio nombre. El signo del Hijo es su comunión con el Padre. El Hijo nos introduce en la comunión trinitaria, en el círculo del amor suyo, cuyas personas son "relaciones puras", el acto puro de entregarse y de acogerse. El designio trinitario, visible en el Hijo, que no habla en su nombre, muestra la forma de vida del verdadero evangelizador; más aún, evangelizar no es tanto una forma de hablar; es más bien una forma de vivir: vivir escuchando y ser portavoz del Padre. "No hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga" (Jn 16, 13), dice el Señor sobre el Espíritu Santo.
Esta forma cristológica y pneumatológica de la evangelización es al mismo tiempo una forma eclesiológica: el Señor, y el Espíritu construyen la Iglesia, se comunican en la Iglesia. El anuncio de Cristo, el anuncio del reino de Dios, supone la escucha de su voz en la voz de la Iglesia. "No hablar en nombre propio" significa hablar en la misión de la Iglesia.
De esta ley de renuncia al propio yo se siguen consecuencias muy prácticas. Todos los métodos racionales y moralmente aceptables se deben estudiar; es un deber usar estas posibilidades de comunicación. Pero las palabras y todo el arte de la comunicación no pueden ganar a la persona humana hasta la profundidad a la que debe llegar el Evangelio. Hace pocos años leí la biografía de un óptimo sacerdote de nuestro siglo, don Dídimo, párroco de Bassano del Grappa. En sus apuntes se encuentran palabras de oro, fruto de una vida de oración y meditación. A propósito de lo que estamos tratando, dice don Dídimo, por ejemplo: "Jesús predicaba de día y oraba de noche". Con esta breve noticia quería decir: Jesús debía ganar de Dios a sus discípulos.
Eso vale siempre. No podemos ganar nosotros a los hombres. Debemos obtenerlos de Dios para Dios. Todos los métodos son ineficaces si no están fundados en la oración. La palabra del anuncio siempre ha de estar impregnada una intensa vida de oración.
Debemos dar un paso más. Jesús predicaba de día y oraba de noche, pero eso no es todo. Su vida entera, como demuestra de modo muy hermoso el evangelio de san Lucas, fue un camino hacia la cruz, una ascensión hacia Jerusalén. Jesús no redimió el mundo con palabras hermosas, sino con su sufrimiento y su muerte. Su pasión es fuente inagotable de vida para el mundo; la pasión da fuerza a su palabra.
El Señor mismo, extendiendo y ampliando la parábola del grano de mostaza, formuló esta ley de fecundidad en parábola del grano de trigo que cae tierra y muere (cf. Jn 12, 24). También esta ley es válida hasta el fin del mundo y, juntamente con el misterio del grano de mostaza, es fundamental para la nueva evangelización. Toda la historia lo demuestra. Sería fácil demostrarlo en la historia del cristianismo. Aquí quisiera recordar solamente el inicio de la evangelización en la vida de san Pablo.
El éxito de su misión no fue fruto de la retórica o de la prudencia pastoral; su fecundidad dependió de su sufrimiento, de su unión a la pasión de Cristo (cf. 1 Cor 2, 1-5; 2 Cor, 5, 7; 11; 10 s; 11, 30; Gal 4, 12-14). "No se dará otro signo que el signo del profeta Jonás" (Lc 1 29), dijo el Señor. El signo de Jonás es Cristo crucificado, son los testigos que completan "lo que falta a la pasión de Cristo" (Col 1, 24). En todas las épocas de la historia se han cumplido siempre las palabras de Tertuliano: la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.
San Agustín dice lo mismo de modo muy hermoso, interpretando el texto de san Juan donde la profecía del martirio de san Pedro y el mandato de apacentar, es decir, la institución de su primado, están íntimamente relacionados (cf. Jn 21, 16). San Agustín lo comenta así: "Apacienta mis ovejas, es decir, sufre por mis ovejas" (Sermón 32: PL 2, 640). Una madre no puede dar a luz un niño sin sufrir. Todo parto implica sufrimiento, es sufrimiento, y llegar a ser cristiano es un parto. Digámoslo una vez más con palabras del Señor: "El reino do Dios exige violencia" (M 11, l2; Lc 10, 16), pero la violencia de Dios es el sufrimiento, la cruz. No podemos dar vida a otros sin dar nuestra vida. El proceso de renuncia al propio yo, al que me he referido antes, es la forma concreta (expresada de muchas formas diversas) de dar la propia vida. Ya lo dijo el Salvador: "Quien pierda su vida por mi y por el Evangelio, la salvará" (Mc 8, 35).
Los contenidos esenciales de la nueva evangelización
Conversión
Por lo que atañe a los contenidos de la nueva evangelización conviene ante todo tener presente que el Antiguo Testamento y el Nuevo son inseparables. El contenido fundamental del Antiguo Testamento está resumido en el mensaje de san Juan Bautista: "Convertíos". No se puede llegar a Jesús sin el Bautista; no es posible llegar a Jesús sin responder a la llamada del Precursor; más aún, Jesús asumió el mensaje de Juan en la síntesis de su propia predicación: "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1, 15). La palabra griega para decir "convertirse" significa: cambiar de mentalidad, poner en tela de juicio el propio modo de vivir y el modo común de vivir, dejar entrar a Dios en los criterios do la propia vida, no juzgar ya simplemente según las opiniones corrientes.
Por consiguiente, convertirse significa dejar de vivir como viven todos, dejar de obrar como obran todos, dejar de sentirse justificados en actos dudosos, ambiguos, malos, por el hecho de que los demás hacen lo mismo; comenzar a ver la propia vida con los ojos de Dios; por tanto, tratar de hacer el bien, aunque sea incómodo; no estar pendientes del juicio de la mayoría, de los demás, sino del juicio de Dios. En otras palabras, buscar un nuevo estilo de vida, una vida nueva.
Todo esto no significa moralismo. Quien reduce el cristianismo a la moralidad pierde de vista la esencia del mensaje de Cristo: el don de una nueva amistad, el don de la comunión con Jesús y, por tanto, con Dios. Quien se convierte a Cristo no quiero tener autonomía moral, no pretende construir con sus fuerzas su propia bondad.
"Conversión" (metánoia) significa precisamente lo contrario: salir de la autosuficiencia, descubrir y aceptar la propia indigencia, la necesidad de los demás y la necesidad de Dios, de su perdón, de su amistad. La vida sin conversión es autojustificación (yo no soy peor que los demás); la conversión es la humildad de entregarse al amor del Otro, amor que se transforma en medida y criterio de mi propia vida.
Aquí debemos tener presente también el aspecto social de la conversión. Ciertamente, la conversión es ante todo un acto personalísimo, es personalización. Yo renuncio a "vivir como todos"; ya no me siento justificado por el hecho de que todos hacen la mismo que yo, y encuentro ante Dios mi propio yo, mi responsabilidad personal. Pero la verdadera personalización es siempre también uña socialización nueva y más profunda. El yo se abre de nuevo al tú, en toda su profundidad, y así nace un nuevo nosotros. Si el estilo de vida común en el mundo implica el peligro de la despersonalización, de vivir no mi propia vida sino la de todos los demás, en la conversión debe realizarse un nuevo nosotros del camina común con Dios.
Anunciando la conversión debemos ofrecer también una comunidad de vida, un espacio común del nuevo estilo de vida. No se puede evangelizar sólo con palabras. El Evangelio crea vida, crea comunidad de camino. Una conversión puramente individual no tiene consistencia.
El reino de Dios
En la llamada a la conversión está implícito, como su condición fundamental, el anuncio del Dios vivo. El teocentrismo es fundamental en el mensaje de Jesús y debe ser también el núcleo de la nueva evangelización. La palabra clave del anuncio de Jesús es: reino de Dios. Pero reino de Dios no es una cosa, una estructura social o política, una utopía. El reino de Dios es Dios.
Reino de Dios quiere decir: Dios existe, Dios vive, Dios está presente y actúa en el mundo, en nuestra vida, en mi vida. Dios no es una "causa última" lejana. Dios no es el "gran arquitecto" del deísmo, que montó la máquina del mundo y así estaría fuera. Al contrario, Dios es la realidad más presente y decisiva en cada acto de mi vida, en cada momento de la historia.
En su conferencia de despedida de su cátedra en la universidad de Münster, el teólogo Juan Bautista Metz dijo cosas que nadie se imaginaba oír de sus labios. Antes había enseñado antropocentrismo: el verdadera acontecimiento del cristianismo sería el giro antropológico, la secularización, el descubrimiento de la secularidad del mundo. Luego enseñó teología política, la índole política de la fe; la "memoria peligrosa"; y, finalmente, la teología narrativa.
Después de este camino largo y difícil, hoy nos dice: si verdadero problema de nuestro tiempo es "la crisis de Dios", la ausencia de Dios, disfrazada de religiosidad vacía. La teología debe volver a ser realmente teo-logía, hablar de Dios y con Dios.
Metz tiene razón. Lo "único necesario" (unum necessarium) para el hombre es Dios. Todo cambia dependiendo de si Dios existe o no existe. Por desgracia, también nosotros, los cristianos, vivimos a menudo como si Dios no existiera (si Deus non daretur). Vivimos según el eslogan: Dios no existe y, si existe, no influye. Por eso, la evangelización ante todo debe hablar de Dios, anunciar al único Dios verdadero: el Creador, el Santificador, el Juez (cf. Catecismo de la Iglesia católica).
También aquí es preciso tener presente el aspecto práctico. No se puede dar a conocer a Dios únicamente con palabras. No se conoce a una persona cuando sólo se tienen do ella referencias de segunda mano. Anunciar a Dios es introducir en la relación con Dios: enseñar a orar. La oración es fe en acto. Y sólo en la experiencia de la vida también la evidencia de su existencia. Por eso son tan importantes las escuelas de oración, las comunidades de oración. Son complementarias la oración personal ("en tu propio aposento", solo en la presencia de Dios), la oración común "paralitúrgica" ("religiosidad popular") y la oración litúrgica. Sí, la liturgia es ante todo oración: su elemento específico consiste en que su sujeto primario no somos nosotros (como en la oración privada y en la religiosidad popular), sino Dios mismo. La liturgia es actio divina, Dios actúa y nosotros respondemos a la acción divina.
Hablar de Dios y hablar con Dios deben ir siempre juntos. El anuncio de Dios lleva a la comunión con Dios en la comunión fraterna, fundada y vivificada por Cristo. Por eso la liturgia (los sacramentos) no es un tema adjunto al de la predicación del Dios vivo, sino la concretización de nuestra relación con Dios.
En este contexto desearía hacer una observación general sobre la cuestión litúrgica. Con frecuencia nuestro modo de celebrar la liturgia es demasiado racionalista. La liturgia se convierte en enseñanza, cuyo criterio es que la entiendan. Eso a menudo tiene como consecuencia la banalización del misterio, el predominio de nuestras palabras, la repetición de una serie de palabras que parecen más inteligibles y más gratas a la gente. Pero esto es un error no sólo teológico, sino también psicológico y pastoral. La ola de esoterismo, la difusión de técnicas asiáticas de distensión y de auto-vaciamiento muestran que en nuestras liturgias falta algo.
Precisamente en el mundo actual necesitamos el silencio, el misterio supraindividual, la belleza. La liturgia no es una invención del sacerdote celebrante o de un grupo de especialistas. La liturgia –el rito– se ha desarrollado en un proceso orgánico a lo largo de los siglos; encierra el fruto de la experiencia de fe de todas las generaciones.
Aunque los participantes tal vez no comprendan todas sus fórmulas, perciben su significado profundo, la presencia del misterio, que trasciendo todas las palabras. El celebrante no es el centro de la acción litúrgica; no está delante del pueblo en su nombre propio, no habla de sí y por sí, sino in persona Christi. Lo que cuenta no son las cualidades personales del celebrante, sino sólo su fe, en la que se debe reflejar Cristo. "Conviene que él crezca y yo disminuya" (Jn 3, 30).
Jesucristo
Con esta reflexión el tema de Dios ya se ha extendido y concretado en el tema de Jesucristo. Sólo en' Cristo y por Cristo el tema de Dios se hace realmente concreto: Cristo es el Emmanuel, el Dios con nosotros, la concretización del "Yo soy", la respuesta al deísmo. Hoy es muy fuerte la tentación de reducir a Jesucristo, el Hijo de Dios, sólo a un Jesús histórico, sólo a un hombre. No se niega necesariamente su divinidad, pero con ciertos métodos se destila de la Biblia un Jesús a nuestra medida, un Jesús posible y comprensible en los parámetros de nuestra historiografía. Pero este "Jesús histórico" es una elaboración, la imagen de sus autores y no la imagen del Dios vivo (cf. 2 Cor 4, 4 s; Col 1, 15). El Cristo de la fe no es un mito. El así llamado "Jesús histórico" es una figura mitológica, inventada por diversos intérpretes. Los doscientos años de historia, del "Jesús histórico" reflejan fielmente la historia de las filosofías y de las ideologías de este periodo.
En los límites de esta conferencia me es imposible tratar los contenidos del anuncio del Salvador. Sólo quisiera aludir brevemente a dos aspectos importantes. El primero es el seguimiento de Cristo. Cristo se presenta como camino de mi vida.
Seguimiento de Cristo no significa imitar al hombre Jesús. Ese intento fracasaría necesariamente; sería un anacronismo. El seguimiento de Cristo tiene una meta mucho más elevada: identificarse con Cristo, es decir, llegar a la unión con Dios. Esa palabra tal vez choque a los oídos del hombre moderno. Pero, en realidad todos tenemos sed de infinito, de una libertad infinita, de una felicidad ilimitada. Toda la historia de las revoluciones de los últimos dos siglos sólo se explica así. La droga sólo se explica así. El hombre no se contenta con soluciones que no lleguen a la divinización. Pero todos los caminos ofrecidos por la "serpiente" (cf. Gn 3, 5), es decir, la sabiduría mundana, fracasan. El único camino es la identificación con Cristo, realizable en la vida sacramental. Seguir a Cristo no es un asunto de moralidad, sino un tema "mistérico", un conjunto de acción divina y respuesta nuestra.
Así, en el tema del seguimiento se encuentra presente el otro centro de la cristología, al que quería aludir: el misterio pascual, la cruz y la resurrección.
De ordinario en las reconstrucciones del "Jesús histórico" el tema de la cruz carece de significado. En una interpretación "burguesa" se transforma en un accidente de por sí evitable, sin valor teológico; en una interpretación revolucionaria se convierte en la muerta heroica de un rebelde.
La verdad es muy diferente. La cruz pertenece al misterio divino; es expresión de su amor hasta el extremo (cf. Jn 13, l). El seguimiento de Cristo es participación en su cruz, unirse a su amor, a la transformación de nuestra vida, que se convierte en nacimiento del hombre nuevo, creado según Dios (cf. Ef 4, 24). Quien omite la cruz, omite la esencia del cristianismo (cf. 1 Cor 2, 2).
La vida eterna
Un último elemento central de toda verdadera evangelización es la vida eterna. Hoy, en la vida diaria, debemos anunciar con nueva fuerza nuestra fe. Aquí quisiera sólo aludir a un aspecto a menudo descuidado actualmente de la predicación de Jesús: el anuncio del reino de Dios es anuncio del Dios presente, del Dios que nos conoce, que nos escucha; del Dios que entra en la historia para hacer justicia. Por eso, esta predicación es anuncio del juicio, anuncio de nuestra responsabilidad. El hombre no puede hacer o dejar de hacer lo que le apetezca. Será juzgado. Debe rendir cuentas. Esta certeza vale tanto para los poderosos como para los sencillos. Si se respeta, se trazan los límites de todo poder de este mundo. Dios hace justicia, y en definitiva sólo él puede hacerla. Nosotros lograremos hacer justicia en la medida que seamos capaces de vivir en presencia de Dios y de comunicar al mundo la verdad del juicio.
Así el artículo de fe del juicio, su fuerza de formación de las conciencias, es un contenido central del Evangelio y es realmente una buena nueva. Lo es para todos los que sufren por la injusticia del mundo y piden justicia. Así se comprende también la conexión entre el reino de Dios y los "pobres", los que sufren y todos los que viven las bienaventuranzas del sermón de la Montaña. Están protegidos por la certeza del juicio, por la certeza de que hay justicia.
Este es el verdadero contenido del artículo del Credo sobre el juicio, sobre Dios juez: hay justicia. Las injusticias del mundo no son la última palabra de la historia. Hay justicia. Sólo quien no quiera que haya justicia puede oponerse a esta verdad. Si tomamos en serio el juicio y la grave responsabilidad que de él brota para nosotros, comprenderemos bien el otro aspecto de este anuncio, es decir, la redención, el hecho de que Jesús en la cruz asume nuestros pecados; que Dios mismo en la pasión de su Hijo se convierte en abogado de nosotros, pecadores, y así hace posible la penitencia, la esperanza al pecador arrepentido, esperanza expresada de modo admirable en las palabras de san Juan: "Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo" (Jn 3, 20). Ante Dios tranquilizaremos nuestra conciencia, independientemente de lo que nos reproche.
La bondad de Dios es infinita, pero no la debemos reducir a un empalago sin verdad. Sólo creyendo en el justo juicio de Dios, sólo teniendo hambre y sed de justicia (cf. Mt 5, 6), abrimos nuestro corazón, nuestra vida, a la misericordia divina. No es verdad que la fe en la vida eterna quite importancia a la vida en la tierra. Al contrario, sólo si la medida de nuestra vida es la eternidad, también esta vida en la tierra es grande y su valor inmenso. Dios no es el rival de nuestra vida, sino el garante de nuestra grandeza. Así volvemos a nuestro punto de partida: Dios. Si consideramos bien el mensaje cristiano, no hablamos de un montón de cosas. El mensaje cristiano es en realidad muy sencillo: hablamos de Dios y del hombre, y así lo decimos todo.
Tomado de L’OSSERVATORE ROMANO, 19 de enero de 2001
CELEBRACIÓN DÍA DEL CATEQUISTA
El Pontificio Instituto Catequístico, el sábado 07 de mayo, celebró con mucho júbilo el día del catequista.
Con alegría y gratitud, en la sede “Instituto Zambrano”, celebramos el día del Catequista.
Las actividades comenzaron a las 9:30 hrs. con una jornada de reflexión espiritual en torno a los 07 dones del Espíritu Santo, hubo una motivación inicial con textos de reflexión, música, trabajos en grupo y un plenario final.
Luego vivimos una emotiva y significativa celebración litúrgica, con signos y cantos. Finalmente un momento de compartir fraterno, con números artísticos.
Esta fiesta se vivió en un clima de mucha alegría, caridad, fraternidad y comunión.
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